
imagen obtenida de internet
Quise disfrutar de ella que era hermosa,
dura y frágil al mismo tiempo,
y caí cual náufrago que se ahoga
en alta mar, y lucha pese a todo a brazo partido hasta
llegar
a una isla virgen y preciosa
pero,
que se encontraba seca y desierta.
No me engañó ni la engañé,
disfrutamos los dos de nuestros cuerpos
como el sol disfruta del amanecer.
Ella, marcadamente hermosa, dulce y
deliciosa, yo…
alejado de la realidad, orgulloso y
vanidoso.
Quise engañarme y negué mi suerte
al encontrarte,
luego… vino la sed, la ansiedad y
el vértigo…
y me dejé llevar y sin ti el sexo
fue mi enfermedad.
¿La cura? Solo tú me la podrías dar.
Te dejé ir, y te vi alejar, nada
hice por detenerte.
La sangre se me revolvía en las
venas viéndote marchar y aun así…
Encerré mis ansias en el estómago y
maldije a mi orgullo
y a mi perra suerte al consentirme tal maldad.
Si supieras mi alegría al
reencontrarte…
la vida misma que nos separó
hoy nos trae la suerte,
dos sangres, la tuya y la mía, se
unieron y crearon…
¡un volcán de sueños e ilusiones
hecho carne!
Hoy no es nuestra voluntad la que
nos rige,
son dos manos tiernas y blancas
las que nos cogen de la mano y nos
gritan
que nuestra única gran verdad…
está en nuestros corazones y no en
nuestra vanidad.