La acaricio sin rozar apenas su cuerpo,
la lamo cada fibra de su ser, meloso.
Con una dulzura exquisita me agazapo
y desde los pies hasta su cuello la beso.
Ella se deja hacer, con relajo la increpo.
Querida mía, acaríciame... soy Celso,
tu amor, tu vida, quien te ama bien todo el tiempo,
quien te espera, te desea loco y excelso.
Ella, me mira, sonríe, moja sus labios,
y muy levemente, me dice: "amor, soy tu Eva,
abrázame fiel, besa mis labios ansiosos.
Te ansían a ti, vida, y lo que eso conlleva,
ven, sí, te quiero recibir en mis carnosos
y húmedos labios de carne trémula y brava.