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    jueves, 11 de octubre de 2012

    Seguiré aquí, llorando… sin esperanzas

    Imagen obtenida de Internet




    Y fuimos, del ayer, lo que nos perdimos,
    sombras de un “hoy” que nunca tuvimos.
    El adiós odiado, aquel que zozobró por ir subidos
    a un barco construido de papel,  y luchando
    por no perecer ahogados o desaparecidos.

    «Soy la estela de la luz».
    Dijiste un día, al besar mi foto.
    Yo sentí la tibieza de tus labios,
    y bebí de tus lágrimas mientras las besaba.

    Cruel despertar el mío, al comprender;
    somos sueños del ayer,
    aquel que no conseguimos despiertos ni dormidos.

    Mi corazón comienza a latir deprisa,
    parece decirme;
    «te esperaré en la última esquina del mundo,
    allí, al final del camino recorrido».

    Quizás me veas llorar como un crío, cansado de mí sino, 
    hasta puede ser que te usurpe, con valiente descaro, 
    fingiendo los cánticos de tu risa, ésa sí,
    la que yo amé con tanta ansia y prisa.

    Verás entonces cómo se evade de tus ojos la risa,
    la que tanto veneré, para después desvanecerse
    silenciosa en la nada infinita de tu sonrisa.
    Y yo seguiré aquí, llorando sin esperanza tu ausencia.

    Entonces que ya no estarás…
    lo asumiré con la pluma de mi alma
    que entonará “el mea culpa”
    escribiendo sus mejores versos,
    sobre mis sienes agrietadas y marchitas.





    miércoles, 19 de septiembre de 2012

    Me da miedo... no tener miedo…




    Me da miedo... no tener miedo…
    acercarme al abismo y sentirme único,
    ¡que nada podrá conmigo!
    me miro al espejo, con miedo a este vacío,
    a este profundo resentimiento que aplasta mis sentidos;
    hasta lograr de mí lo peor, ser mí propio enemigo.

    Tengo miedo a no tener miedo…
    a reírme sin compasión, de mí mismo.
    Alucinar hasta cuánto ha de sangrar mi corazón,
    para darme cuenta de que estoy herido…

    Me aborrezco y… no estoy solo,
    estás tú, soledad, conmigo.
    Siempre fiel y amigable, nunca lejos,
    siempre abrazada a mí ombligo.

    Me da tanto miedo… el no sentirlo.

    miedo a averiguar que la soledad,
    tampoco se quedará conmigo,
    siempre solo, ausente de miedos,
    De olvidos…
    a no saber si, vivir, para mi,
    tan solo pueda ser un castigo.

    Tengo tanto miedo… a no ser yo,
    o tal vez, ser un fracasado sea mi sino.
    No será miedo, ni recelo lo que subyazca,
    dentro de este limbo…
    Si no, miedo me da a no ser digno de recibirlo,
    por no quererme ni respetarme a mí mismo



    Perdí el cabello, la vista, hasta el sueño…




    Intenté recorrer las calles en tu búsqueda…
    fueron horas, días, y, tal vez,
    hasta años enteros buscándote.
    Perdí el cabello, la vista, hasta el sueño…

    Mi piel se cuarteó como la tierra sedienta,
    ante la escasez de lluvia en verano.
    Y mis hombros…
    antaño fuertes y duros; se hundieron.

    Nada me queda ya para desear,
    seguir viviendo…
    si acaso, hasta respiro o inhalo…
    sin quererlo o desearlo.

    Me voy de esta soledad...
    huyo de esta eterna compañera,
    fiel reflejo de mis “no puedo”
    Siempre irreverentes, zafios
    y hasta… estúpidos.

    Tan estúpidos, profundos y ciegos 
    como lo fue el repetirlos  hasta la saciedad, 
    días tras días…

    sí, sin desearlo pero, sin querer obviarlos.



    miércoles, 12 de septiembre de 2012

    Los gemidos surgen en la noche…

    Imagen obtenida de Internet

    Estoy solo, en esta selva abrupta que son mis pensamientos,
    y no deja de darme miedo
    cuando recorro, una y otra vez, con mi fantasía,
    la sedosa, perfumada y ambarina porción de tu cuerpo.

    La estoy sintiendo… y es inconmensurable.
    me quema y desgarra profundo dentro y la siento
    como se distribuye por instantes, hasta que me sangra el pensamiento, de tanto como aliento, mi deseo insaciable.

    Mi sexo, se almidona preparado para amarte,
    se extiende por el pasillo almibarado, húmedo y caliente,
    y se hunde sin espera, sin silencios, acaso también...
    sin siquiera estar tú y sin esperarte...

    Los gemidos surgen en la noche…
    y se disgregan por la habitación, a oscuras.
    ¿Son los tuyos…? o acaso…

    ¿son solo los míos envalentonados por tu sumisión?

    Mis labios no tardan en aprisionar los tuyos,
    y bebemos ambos de nuestra pasión,
    culminado en un sonoro grito de éxtasis y dolor...

    No puede ser... ¡estoy solo!
    ¿dónde te fuiste de nuevo, mi amor?
    enciendo la luz amarilla de mi habitación
    y, efectivamente ella, no está; 
    de nuevo mi mente… me engañó.



    sábado, 8 de septiembre de 2012

    Crece el invierno de mis soledades

    Imagen obtenida de Internet



    Crece el invierno de mis soledades.
    Las aguas negras se agitan
    y se posan sobre mi cadáver.
    Otoños que, del ayer fueron ya olvidados.

    Hasta las historias solitarias
    fueron heredadas de mis sueños,
    viajando, sin alegría y solas
    en aras de su propia desidia y agonía.

    Fui culpable de mi cuerpo, y, que éste fuese
    productor de amargos y agriados desencantos,
    tanto cómo de agrestes y lastimosos llantos.

    Los que me hicieron enrojecer de ira 
    por cuanto me fustigaron con mentiras, 
    insultaron y ofendieron.
    Heme aquí hoy, marchito, o tal vez vencido,
    pero, eso sí… ¡nunca humillado!






    viernes, 7 de septiembre de 2012

    Sueños... sueños... sueños... ¡de felicidad!


    Imagen obtenida de Internet


    Recorrerán mis lágrimas su cuerpo,
    y con ellas el dolor, me vencerá.
    Besaré y beberé de su piel hasta saciar la sed
    y su cuerpo, y mi cuerpo, lo agradecerán.

    Sueños... sueños... sueños...

    Hastiada la luna llena, me contempla,
    y ve como se me enajena el alma,
    al saber lo cerca que estuve de ella,
    y que aun así, la olvidé y la dejé escapar.

    Sabía de sobra que ni ella ni yo,
    como sueño, lo podríamos disfrutar.
    La realidad nos arrulla, y de nosotros,
    ni hoy, ni el ayer volverá.

    Sueños... sueños... sueños...

    Otra vez me tocará huir hacia ese bosque denso
    y sórdido que es la soledad.
    Sabiendo que buscamos entre las sombras
    a esa figura de hombre o mujer soñada

    que sepa cómo hacernos felices
    y que logre traer a nuestras vidas la felicidad,
    venciendo nuestros miedos
    y nos haga de nuevo volver a soñar.


    Sueños... sueños... sueños... ¡de felicidad!






    domingo, 26 de agosto de 2012

    Fuimos los salvajes herederos de nuestro sueño

    Imagen obtenida de Internet 




    ¿Recuerdas, mi amor,  la entrañable sensación de lo vivido, 
    abrazados a nuestros cuerpos los dos?
    fuimos los salvajes herederos de nuestro sueño
    bendecidos fuimos los dos con nuestro amor.

    Recogimos la cosecha con nuestras manos
    y también con nuestros sentidos,
    lo disfrutamos con pasión.

    Encerrándonos después en un escueto rincón del alma 
    donde murieron nuestros recuerdos
    sin esperanza ni ilusión.

    Hoy, muerta la llama, me desborda el llanto al recordar 
    cuanto la amé y cuanto ella, me amó.
    Sufrimos por ello el castigo,  gozamos nuestro dolor.

    Por ella recibí en mí el disparo a la memoria injusta,
    causa  probable de mí aflicción.  
    Las tinieblas me abrazaron 
    y envolvieron, cerré los ojos y se me secó 
    en ese mismo instante el corazón...

    Algo entonces se posó en mis parpados,  
    eran labios de mujer, sentí su hálito caliente 
    en mi frente besándome con tanto amor, 
    que si un Dios hubiese existido
    ¡revivir de nuevo le habría rogado yo!





    Ella, morirá en los míos... cuando yo muera

    Pintura Dramática y Artística de Liu Yuanshou, 1967, (China)




    Ella es silenciosa como la mar  cuando está en calma, 
    está quieta, inmóvil en la arena de la playa… 
    ella observa enamorada la laxitud de las olas
    y yo la miro a sus ojos con su azul violeta.

    Está triste y pese a su inmovilidad, 
    su mirada es inquieta, aunque ella calla, está ausente...
    sigue mirando al mar y sin decir nada.

    La amo tanto y tanto la extraño…
    si supiera cómo estoy de ella enamorado.
    sé que su cuerpo continua conmigo,  sin embargo…
    la noto extraña y ausente de mí.
    La miro, y ella se vuelve y lanza un suspiro.

    ¡Ay, mi amor, cuánto la adoro! Su corazón sigue lejos,  
    esperando no sé qué. Imagino que se me aproxima 
    y cierro los ojos, es toda luz
    que me ciega y embriaga con su belleza y aroma.

    Se descalza y se echa sobre mí, cálida y sutil 
    como pétalo de una flor de otoño. 
    Sus ojos azul violeta se diluyen en mis ojos 
    ¡como la marea brava en una tarde gris de tormenta!

    Me abraza y se me acurruca  buscando una ruidosa melodía. Abro los ojos y la vuelvo a mirar desde la distancia,  me siento morir en sus ojos, hoy los míos serán los suyos lo último que vean antes de mi último suspiro, mi estertor final. ella, morirá en los míos... cuando yo muera.