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    miércoles, 19 de septiembre de 2012

    Perdí el cabello, la vista, hasta el sueño…




    Intenté recorrer las calles en tu búsqueda…
    fueron horas, días, y, tal vez,
    hasta años enteros buscándote.
    Perdí el cabello, la vista, hasta el sueño…

    Mi piel se cuarteó como la tierra sedienta,
    ante la escasez de lluvia en verano.
    Y mis hombros…
    antaño fuertes y duros; se hundieron.

    Nada me queda ya para desear,
    seguir viviendo…
    si acaso, hasta respiro o inhalo…
    sin quererlo o desearlo.

    Me voy de esta soledad...
    huyo de esta eterna compañera,
    fiel reflejo de mis “no puedo”
    Siempre irreverentes, zafios
    y hasta… estúpidos.

    Tan estúpidos, profundos y ciegos 
    como lo fue el repetirlos  hasta la saciedad, 
    días tras días…

    sí, sin desearlo pero, sin querer obviarlos.



    jueves, 6 de septiembre de 2012

    Quiero herirme con mis manos y odiarme

    Imagen obtenida de Internet



    Quiero recordar cada atardecer de mi vida
    que no estuve contigo…
    para así poder renegar cada segundo
    por no haber estado atento y haberte perdido.

    Quiero herirme con mis manos, y odiarme
    con el pensamiento, por cada instante que te amé
    y me odie al mismo tiempo por no saber
    saborear todo ese amor que me ofreciste.

    Sí, lo sé, no supe retenerlo a tiempo y hacerlo mío
    y hoy la lejanía me puede, me vence y desarma,
    y me sumerge en el más profundo abismo, lo
    que me estruja el alma, se apodera de mis sueños
    y sin compasión me destruye y mata sin hacer ruido.





    domingo, 26 de agosto de 2012

    Fuimos los salvajes herederos de nuestro sueño

    Imagen obtenida de Internet 




    ¿Recuerdas, mi amor,  la entrañable sensación de lo vivido, 
    abrazados a nuestros cuerpos los dos?
    fuimos los salvajes herederos de nuestro sueño
    bendecidos fuimos los dos con nuestro amor.

    Recogimos la cosecha con nuestras manos
    y también con nuestros sentidos,
    lo disfrutamos con pasión.

    Encerrándonos después en un escueto rincón del alma 
    donde murieron nuestros recuerdos
    sin esperanza ni ilusión.

    Hoy, muerta la llama, me desborda el llanto al recordar 
    cuanto la amé y cuanto ella, me amó.
    Sufrimos por ello el castigo,  gozamos nuestro dolor.

    Por ella recibí en mí el disparo a la memoria injusta,
    causa  probable de mí aflicción.  
    Las tinieblas me abrazaron 
    y envolvieron, cerré los ojos y se me secó 
    en ese mismo instante el corazón...

    Algo entonces se posó en mis parpados,  
    eran labios de mujer, sentí su hálito caliente 
    en mi frente besándome con tanto amor, 
    que si un Dios hubiese existido
    ¡revivir de nuevo le habría rogado yo!





    Ella, morirá en los míos... cuando yo muera

    Pintura Dramática y Artística de Liu Yuanshou, 1967, (China)




    Ella es silenciosa como la mar  cuando está en calma, 
    está quieta, inmóvil en la arena de la playa… 
    ella observa enamorada la laxitud de las olas
    y yo la miro a sus ojos con su azul violeta.

    Está triste y pese a su inmovilidad, 
    su mirada es inquieta, aunque ella calla, está ausente...
    sigue mirando al mar y sin decir nada.

    La amo tanto y tanto la extraño…
    si supiera cómo estoy de ella enamorado.
    sé que su cuerpo continua conmigo,  sin embargo…
    la noto extraña y ausente de mí.
    La miro, y ella se vuelve y lanza un suspiro.

    ¡Ay, mi amor, cuánto la adoro! Su corazón sigue lejos,  
    esperando no sé qué. Imagino que se me aproxima 
    y cierro los ojos, es toda luz
    que me ciega y embriaga con su belleza y aroma.

    Se descalza y se echa sobre mí, cálida y sutil 
    como pétalo de una flor de otoño. 
    Sus ojos azul violeta se diluyen en mis ojos 
    ¡como la marea brava en una tarde gris de tormenta!

    Me abraza y se me acurruca  buscando una ruidosa melodía. Abro los ojos y la vuelvo a mirar desde la distancia,  me siento morir en sus ojos, hoy los míos serán los suyos lo último que vean antes de mi último suspiro, mi estertor final. ella, morirá en los míos... cuando yo muera.







    jueves, 9 de febrero de 2012

    ¿Qué estoy caduco y vivo de un sueño? ¡No lo dudo pero, qué sueño más rico!




    No quiero horrorizarme de lo que siento,
    ni dejar de ser consciente de mis sentimientos;
    vivo y amo con la misma fuerza de mis veinte años;
    aún teniendo... cincuenta y uno.

    ¿Qué más da si ese amor, está repartido?
    repartido sí, entre mis cincuenta y uno y los veinte años de... ella.
    ¿Qué estoy caduco y vivo de un sueño?
    ¡sí, no lo dudo pero, qué sueño más rico!

    Ya bien pensáis que me evado de mi realidad,
    qué mi mente no centrifuga bien... ¡que todo es locura!
    y os seguiré diciendo lo mismo, una y otra vez;
    mientras sueñe y viva... en esta burbuja,
    ¡seguiré pensando que...vivo!


    miércoles, 28 de diciembre de 2011

    No dejes que me pierda, en el silencio del olvido


    No dejes que me pierda,
    en el silencio del olvido,
    acurrúcame... ¿quieres?
    Estaré en el jardín de los vencidos,
    allá iré a olisquear
    el aroma corrupto, de los muertos,
    y luego vendré y lloraré contigo.

    Entre tinieblas y el llanto,
    me abrazaré a ese cruel designio.
    Sin rebelarme, sin ofenderte ni ofenderme...
    me iré a encontrar con mi destino...

     Disfrazaré mis lágrimas de una falsa alegría,
    hundiéndome en ese abismo,
    foso inmundo, de los impuros.

    Rechazando las manos que se me tienden,
    los abrazos, ¡las caricias!
    y hasta de los besos dados con lujuria
    a mí paso... ¡los rehuiría!

    Lloraría pero, no de amor,
    sino de rabia...
    de tanto como te extrañaría
    en mi vida.

    Lágrimas…
     escondidas tras una falsa sonrisa,
    para odiarme después, de hacerlas fingidas. 
    Terrible la oquedad, de esta roca dura sombría, 
    latente, fría y esquiva,
    sobre este pecho hueco, quebrado y sin vida.


    ¡Ven a buscarme, y abrázame...!
    ¡dame tu boca fresca y tu sonrisa!
    será para mi sed,
    el agua de un manantial sagrado
    y para mis pulmones,
    el aliento inmortal de la vida.

    Y para mis ojos...
    ¿Qué será para mis ojos?
    será una dulce y callada poesía...
    ¡o el cielo, la Tierra y tu alegría!


    Te amé y creía que me huías...
    cuando la realidad era otra...
    tan solo me observabas;
    te inclinabas sobre mi pecho,

    y sobre él, ¡te dormías...!