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    domingo, 9 de septiembre de 2012

    Canta el miedo su penar

    Imagen obtenida de Internet


    En este futuro no hay más que soledad, dudas e incierto,
    cargado de incertidumbres y miedos.
    Somos como hojas a las que golpea el viento
    y las que lleva con su empuje fuera del tiempo.

    La tierra de nuestros sudores, labradas con profunda agonía,  son esquivas y hasta frías, nos acarician con su aliento y nos resecan las heridas agrietándose por dentro.

    Canta el miedo su penar, recorriendo los desiertos,
    senderos de la vida, por caminos de piedras polvorientas,
    siendo como el quejido del labriego...
    ¡lamentándose de su suerte y de su alma vendida!

    No me pidas emociones, pídeme si acaso un don,
    ser dueño de una gran bondad, para huir del egoísmo,
    el fiel fracaso de esta horrible y sangrante humanidad.





    miércoles, 28 de diciembre de 2011

    No dejes que me pierda, en el silencio del olvido


    No dejes que me pierda,
    en el silencio del olvido,
    acurrúcame... ¿quieres?
    Estaré en el jardín de los vencidos,
    allá iré a olisquear
    el aroma corrupto, de los muertos,
    y luego vendré y lloraré contigo.

    Entre tinieblas y el llanto,
    me abrazaré a ese cruel designio.
    Sin rebelarme, sin ofenderte ni ofenderme...
    me iré a encontrar con mi destino...

     Disfrazaré mis lágrimas de una falsa alegría,
    hundiéndome en ese abismo,
    foso inmundo, de los impuros.

    Rechazando las manos que se me tienden,
    los abrazos, ¡las caricias!
    y hasta de los besos dados con lujuria
    a mí paso... ¡los rehuiría!

    Lloraría pero, no de amor,
    sino de rabia...
    de tanto como te extrañaría
    en mi vida.

    Lágrimas…
     escondidas tras una falsa sonrisa,
    para odiarme después, de hacerlas fingidas. 
    Terrible la oquedad, de esta roca dura sombría, 
    latente, fría y esquiva,
    sobre este pecho hueco, quebrado y sin vida.


    ¡Ven a buscarme, y abrázame...!
    ¡dame tu boca fresca y tu sonrisa!
    será para mi sed,
    el agua de un manantial sagrado
    y para mis pulmones,
    el aliento inmortal de la vida.

    Y para mis ojos...
    ¿Qué será para mis ojos?
    será una dulce y callada poesía...
    ¡o el cielo, la Tierra y tu alegría!


    Te amé y creía que me huías...
    cuando la realidad era otra...
    tan solo me observabas;
    te inclinabas sobre mi pecho,

    y sobre él, ¡te dormías...!