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    domingo, 9 de septiembre de 2012

    Canta el miedo su penar

    Imagen obtenida de Internet


    En este futuro no hay más que soledad, dudas e incierto,
    cargado de incertidumbres y miedos.
    Somos como hojas a las que golpea el viento
    y las que lleva con su empuje fuera del tiempo.

    La tierra de nuestros sudores, labradas con profunda agonía,  son esquivas y hasta frías, nos acarician con su aliento y nos resecan las heridas agrietándose por dentro.

    Canta el miedo su penar, recorriendo los desiertos,
    senderos de la vida, por caminos de piedras polvorientas,
    siendo como el quejido del labriego...
    ¡lamentándose de su suerte y de su alma vendida!

    No me pidas emociones, pídeme si acaso un don,
    ser dueño de una gran bondad, para huir del egoísmo,
    el fiel fracaso de esta horrible y sangrante humanidad.





    lunes, 27 de agosto de 2012

    ¿Qué hiciste conmigo, malvada ilusión?



    No podrás escapar ni ocultarte,
    ni te tendrá que buscar,
    alguien te llevará ante ella
    y en sus brazos te abandonarás...

    Quién te acercó a su aliento fétido,
    te aproximó a su lecho
    y corrió como un coyote,
    para que sus garras,
    no la atrapara también.

    ¡Malvada y presumida...!
    primero te atrapa…
    te abraza y te mima,
    te lleva en volandas
    y enseña el amor.

    Después, te desprecia y te olvida,
    te hace retorcer de dolor...
    para abandonarte sin tener compasión.
    Y encima le preguntas…
    ¿Qué hiciste conmigo, malvada ilusión?


    domingo, 26 de agosto de 2012

    Fuimos los salvajes herederos de nuestro sueño

    Imagen obtenida de Internet 




    ¿Recuerdas, mi amor,  la entrañable sensación de lo vivido, 
    abrazados a nuestros cuerpos los dos?
    fuimos los salvajes herederos de nuestro sueño
    bendecidos fuimos los dos con nuestro amor.

    Recogimos la cosecha con nuestras manos
    y también con nuestros sentidos,
    lo disfrutamos con pasión.

    Encerrándonos después en un escueto rincón del alma 
    donde murieron nuestros recuerdos
    sin esperanza ni ilusión.

    Hoy, muerta la llama, me desborda el llanto al recordar 
    cuanto la amé y cuanto ella, me amó.
    Sufrimos por ello el castigo,  gozamos nuestro dolor.

    Por ella recibí en mí el disparo a la memoria injusta,
    causa  probable de mí aflicción.  
    Las tinieblas me abrazaron 
    y envolvieron, cerré los ojos y se me secó 
    en ese mismo instante el corazón...

    Algo entonces se posó en mis parpados,  
    eran labios de mujer, sentí su hálito caliente 
    en mi frente besándome con tanto amor, 
    que si un Dios hubiese existido
    ¡revivir de nuevo le habría rogado yo!





    Ella, morirá en los míos... cuando yo muera

    Pintura Dramática y Artística de Liu Yuanshou, 1967, (China)




    Ella es silenciosa como la mar  cuando está en calma, 
    está quieta, inmóvil en la arena de la playa… 
    ella observa enamorada la laxitud de las olas
    y yo la miro a sus ojos con su azul violeta.

    Está triste y pese a su inmovilidad, 
    su mirada es inquieta, aunque ella calla, está ausente...
    sigue mirando al mar y sin decir nada.

    La amo tanto y tanto la extraño…
    si supiera cómo estoy de ella enamorado.
    sé que su cuerpo continua conmigo,  sin embargo…
    la noto extraña y ausente de mí.
    La miro, y ella se vuelve y lanza un suspiro.

    ¡Ay, mi amor, cuánto la adoro! Su corazón sigue lejos,  
    esperando no sé qué. Imagino que se me aproxima 
    y cierro los ojos, es toda luz
    que me ciega y embriaga con su belleza y aroma.

    Se descalza y se echa sobre mí, cálida y sutil 
    como pétalo de una flor de otoño. 
    Sus ojos azul violeta se diluyen en mis ojos 
    ¡como la marea brava en una tarde gris de tormenta!

    Me abraza y se me acurruca  buscando una ruidosa melodía. Abro los ojos y la vuelvo a mirar desde la distancia,  me siento morir en sus ojos, hoy los míos serán los suyos lo último que vean antes de mi último suspiro, mi estertor final. ella, morirá en los míos... cuando yo muera.







    viernes, 24 de agosto de 2012

    El olvido... nos acabará enterrando a los dos



    Ni una vez más volverás a escuchar mis latidos,
    ansiosos y pegados a tu pecho,
    y te cansarás de golpear en él una y otra vez,
    hasta que sangren tus nudillos.

    Y no, no reabriré la puerta a mis sentimientos
    y estos no volverán a por ti, al contrario,
    volveré silencioso hacia el lugar
    de donde nunca debí de salir… los sueños.

    Ni una caricia más, ni un beso, hasta quizás,
    ni sintamos un solo roce más en nuestras carnes...
    aunque éstas permanecerán calientes mucho tiempo...
    deseándose de manera ansiosa y apasionada como en el primer día.

    No obstante, no… jamás te tocaré,
    me mantendré en el mismo abismo, aquel donde un día,
    me empujaste a caer y, en esa eternidad, deseada junto a ti,

    desapareceré tan dentro de mi ser que, 
    sin darnos apenas tiempo ni cuenta… 
    el olvido... nos acabará enterrando a los dos.