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    miércoles, 12 de septiembre de 2012

    Los gemidos surgen en la noche…

    Imagen obtenida de Internet

    Estoy solo, en esta selva abrupta que son mis pensamientos,
    y no deja de darme miedo
    cuando recorro, una y otra vez, con mi fantasía,
    la sedosa, perfumada y ambarina porción de tu cuerpo.

    La estoy sintiendo… y es inconmensurable.
    me quema y desgarra profundo dentro y la siento
    como se distribuye por instantes, hasta que me sangra el pensamiento, de tanto como aliento, mi deseo insaciable.

    Mi sexo, se almidona preparado para amarte,
    se extiende por el pasillo almibarado, húmedo y caliente,
    y se hunde sin espera, sin silencios, acaso también...
    sin siquiera estar tú y sin esperarte...

    Los gemidos surgen en la noche…
    y se disgregan por la habitación, a oscuras.
    ¿Son los tuyos…? o acaso…

    ¿son solo los míos envalentonados por tu sumisión?

    Mis labios no tardan en aprisionar los tuyos,
    y bebemos ambos de nuestra pasión,
    culminado en un sonoro grito de éxtasis y dolor...

    No puede ser... ¡estoy solo!
    ¿dónde te fuiste de nuevo, mi amor?
    enciendo la luz amarilla de mi habitación
    y, efectivamente ella, no está; 
    de nuevo mi mente… me engañó.



    miércoles, 28 de diciembre de 2011

    No dejes que me pierda, en el silencio del olvido


    No dejes que me pierda,
    en el silencio del olvido,
    acurrúcame... ¿quieres?
    Estaré en el jardín de los vencidos,
    allá iré a olisquear
    el aroma corrupto, de los muertos,
    y luego vendré y lloraré contigo.

    Entre tinieblas y el llanto,
    me abrazaré a ese cruel designio.
    Sin rebelarme, sin ofenderte ni ofenderme...
    me iré a encontrar con mi destino...

     Disfrazaré mis lágrimas de una falsa alegría,
    hundiéndome en ese abismo,
    foso inmundo, de los impuros.

    Rechazando las manos que se me tienden,
    los abrazos, ¡las caricias!
    y hasta de los besos dados con lujuria
    a mí paso... ¡los rehuiría!

    Lloraría pero, no de amor,
    sino de rabia...
    de tanto como te extrañaría
    en mi vida.

    Lágrimas…
     escondidas tras una falsa sonrisa,
    para odiarme después, de hacerlas fingidas. 
    Terrible la oquedad, de esta roca dura sombría, 
    latente, fría y esquiva,
    sobre este pecho hueco, quebrado y sin vida.


    ¡Ven a buscarme, y abrázame...!
    ¡dame tu boca fresca y tu sonrisa!
    será para mi sed,
    el agua de un manantial sagrado
    y para mis pulmones,
    el aliento inmortal de la vida.

    Y para mis ojos...
    ¿Qué será para mis ojos?
    será una dulce y callada poesía...
    ¡o el cielo, la Tierra y tu alegría!


    Te amé y creía que me huías...
    cuando la realidad era otra...
    tan solo me observabas;
    te inclinabas sobre mi pecho,

    y sobre él, ¡te dormías...!