Estoy solo, en esta selva abrupta que son mis pensamientos,
y no deja de darme miedo
cuando recorro, una y otra vez, con mi fantasía,
la sedosa, perfumada y ambarina porción de tu cuerpo.
La estoy sintiendo… y es inconmensurable.
me quema y desgarra profundo dentro y la siento
como se distribuye por instantes, hasta que me sangra el
pensamiento, de tanto como aliento, mi deseo insaciable.
Mi sexo, se almidona preparado para amarte,
se extiende por el pasillo almibarado, húmedo y caliente,
y se hunde sin espera, sin silencios, acaso también...
sin siquiera estar tú y sin esperarte...
Los gemidos surgen en la noche…
y se disgregan por la habitación, a oscuras.
¿Son los tuyos…? o acaso…
¿son solo los míos envalentonados por tu sumisión?
Mis labios no tardan en aprisionar los tuyos,
y bebemos ambos de nuestra pasión,
culminado en un sonoro grito de éxtasis y dolor...
No puede ser... ¡estoy solo!
¿dónde te fuiste de nuevo, mi amor?
enciendo la luz amarilla de mi habitación
y, efectivamente ella, no está;
de nuevo mi mente… me engañó.