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    miércoles, 19 de septiembre de 2012

    Me da miedo... no tener miedo…




    Me da miedo... no tener miedo…
    acercarme al abismo y sentirme único,
    ¡que nada podrá conmigo!
    me miro al espejo, con miedo a este vacío,
    a este profundo resentimiento que aplasta mis sentidos;
    hasta lograr de mí lo peor, ser mí propio enemigo.

    Tengo miedo a no tener miedo…
    a reírme sin compasión, de mí mismo.
    Alucinar hasta cuánto ha de sangrar mi corazón,
    para darme cuenta de que estoy herido…

    Me aborrezco y… no estoy solo,
    estás tú, soledad, conmigo.
    Siempre fiel y amigable, nunca lejos,
    siempre abrazada a mí ombligo.

    Me da tanto miedo… el no sentirlo.

    miedo a averiguar que la soledad,
    tampoco se quedará conmigo,
    siempre solo, ausente de miedos,
    De olvidos…
    a no saber si, vivir, para mi,
    tan solo pueda ser un castigo.

    Tengo tanto miedo… a no ser yo,
    o tal vez, ser un fracasado sea mi sino.
    No será miedo, ni recelo lo que subyazca,
    dentro de este limbo…
    Si no, miedo me da a no ser digno de recibirlo,
    por no quererme ni respetarme a mí mismo



    miércoles, 12 de septiembre de 2012

    Los gemidos surgen en la noche…

    Imagen obtenida de Internet

    Estoy solo, en esta selva abrupta que son mis pensamientos,
    y no deja de darme miedo
    cuando recorro, una y otra vez, con mi fantasía,
    la sedosa, perfumada y ambarina porción de tu cuerpo.

    La estoy sintiendo… y es inconmensurable.
    me quema y desgarra profundo dentro y la siento
    como se distribuye por instantes, hasta que me sangra el pensamiento, de tanto como aliento, mi deseo insaciable.

    Mi sexo, se almidona preparado para amarte,
    se extiende por el pasillo almibarado, húmedo y caliente,
    y se hunde sin espera, sin silencios, acaso también...
    sin siquiera estar tú y sin esperarte...

    Los gemidos surgen en la noche…
    y se disgregan por la habitación, a oscuras.
    ¿Son los tuyos…? o acaso…

    ¿son solo los míos envalentonados por tu sumisión?

    Mis labios no tardan en aprisionar los tuyos,
    y bebemos ambos de nuestra pasión,
    culminado en un sonoro grito de éxtasis y dolor...

    No puede ser... ¡estoy solo!
    ¿dónde te fuiste de nuevo, mi amor?
    enciendo la luz amarilla de mi habitación
    y, efectivamente ella, no está; 
    de nuevo mi mente… me engañó.