Imagen obtenida de Internet
Crece
el invierno de mis soledades.
Las
aguas negras se agitan
y
se posan sobre mi cadáver.
Otoños
que, del ayer fueron ya olvidados.
Hasta
las historias solitarias
fueron
heredadas de mis sueños,
viajando,
sin alegría y solas
en
aras de su propia desidia y agonía.
Fui
culpable de mi cuerpo, y, que éste fuese
productor
de amargos y agriados desencantos,
tanto
cómo de agrestes y lastimosos llantos.
Los
que me hicieron enrojecer de ira
por cuanto me fustigaron con mentiras,
insultaron y ofendieron.
Heme
aquí hoy, marchito, o tal vez vencido,
pero,
eso sí… ¡nunca humillado!