
Después
de prometerme no volver a amar…
de
deshacerme de los lazos terrenales
y de
querer ahogar mi angustia en sal,
dejé al
fin a mi espíritu morir… en libertad.
Guardé
mi aplastante soledad,
y la
sumergí en lo más hondo de mi ser,
esperando
tal vez a que no volviera a emerger jamás.
Cansado
estaba de tantas falsas esperanzas,
con los
armarios llenos de angustias, guardados bajo llave,
hoy les
dejé al fin la puerta abierta...
y dejo a
mi alma gritar con desgarradora
desesperanza...
¡huid de
mi... hacia quién de verdad os ame!