Roto de
rabia y de ira, me despido,
dando
bandazos a mi pensamiento,
creyendo
ser un hombre consentido,
me
siento hoja movida por el viento.
Caminaba
en silencio y olvidado
llevándome
la fuerza de mí aliento
encontrándome
tan solo el absurdo
de un
fracasado ser humano; muerto.
Caigo
sin vida al abismo dorado
las
razones de mi odio, obsoleto,
es el
triste llorar que dejé huido,
para
sentir, sí, su estremecimiento.
Nada me
importa ya... si estoy herido,
la vida
se burla del sentimiento,
hiriéndome su risotada, hondo;
no en el
pecho, si no... en el pensamiento.