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    jueves, 9 de febrero de 2012

    ¿Cómo eres capaz de decirme que... no fui nada?



    Si me quisiste
    y fui el ladrón de tus besos
    acaricié tu rostro con mi aliento
    y dejé en tus sabanas,
    el aroma a placer de mis deseos.

    No sientas ahora que, no soy nada...
    Se que me marché sin despedirme,
    que mi boca no besó
    por última vez tus labios;
    en muda despedida...

    Que huí como un prófugo
    ante la ley (no del hombre)
    si no la de dios...

    Que tus lágrimas,
    ni siquiera llegué a vislumbrar
    ni llegaste a mi piel humedecer...

    Sin embargo...
    si eres capaz de viajar en el tiempo
    con la mirada,
    veras sin dudar a aquel que fui...

    El amante fiel y enamorado,
    el que, sin días especiales;
    mandaba día si, día también...
    rosas blancas y rojas a tu encuentro.

    Sin preguntar, solo deseando que,
    este amor: ¡traspasara el tiempo!
    y se incrustara para siempre,
    fuerte y salvaje... en tus adentros!

    Si de verdad me quisiste...
    ¡no digas que no te dejé nada,
    que  no me importas
    y que solo fuiste un divertimento...!

    Mi dolor es aún mayor que el tuyo
    solo que yo... huyo hacia el  abismo:
    ¡y no... no deseo... llevarte conmigo!








    ¿Cómo se puede decir tan alegremente,
    cuando un amor se acaba... que nunca fue nada?
    ¿por qué todos se dedican a olvidar el amor que se disfrutó,
    en lugar de guardar un buen recuerdo a quien tanto amor le regaló?


    Paladeando cada beso, en esta boca mía sedienta... por tus besos



    Me arrebata el sonido,
    en este genocidio de mi mente.
    Loca e insumisa a este amor que,
    desquicia mis sentidos.

    Te amé hasta perder el juicio,
    y no obstante... soy errante a este camino;
    dónde mi juicio, se perdió tras de ti, vencido.
    Me arrebatas... con esos labios sabrosos,
    juguetones y traviesos, .

    Desdichada... la lengua serpentina que,
    ausente de sonido, no puede hablarte, ni sabe alcanzarte...
    si te has fuiste en busca de estos, insaciables adentros  míos...!

    Ámame sin perder el tiempo... soy tuyo,
    y no habrá razón, ni juicio para esquivar... tu cariño,
    si mi única evocación en esta vida ha sido ser,
    un fiel reflejo de tus ojos... retratados en estos ojos míos.

    ¿A qué esperas, mujer? ¡hazme tuyo !
    hasta que la razón me patee el estómago, me vuelva...

    y descubra que, todo lo que soñé... ¡No alcanzó... a ser mío!


    martes, 7 de febrero de 2012

    Ante el altar mas perfecto y querido... ¡tus besos!



    Si el sol pudiera en un abrazo... 
    llevarte la eternidad de mis besos.
    Si al dejar a mis pensamientos flotar 
    entre la leve bruma del universo,
    estos fueran hacia ti directos, 
    hasta penetrar dentro de tu pecho...
    ¡bien adentro!

    Si estas letras que escribo, como un lamento... 
    o un doloroso rezo,
    ante el altar más perfecto y querido... ¡tus besos!
    hicieran bramar de nuevo... la llama de los deseos;
    ¡hasta quemarme con tu aliento el cuerpo y el alma mía...!

    Por ti, mi amor,  por quien rezo, noche y día; 
    por no perder lo que más quiero...
    en un amargo nudo...de agonía, 
    eres tú, amor... lo que más deseo y quiero...
    pensarte y adorarte a un tiempo; 
    para quedarme bien profundo... 
    en el abismo de tu pecho.
    Y si ese sol... me languidece y muero, 
    que sepas que, no es tu amor quien me mata si no,
    ¡los sueños no cumplidos y mi falta de valor... 
    para cumplirlos primero!


    ¿Quién se atreverá a vencer al miedo?

     
    Si supieras... dónde está enterrado mi corazón...
    tan profundo y tan negro es su abismo que,
    ni un latido bombeado por sus venas,
    romperá el silencio donde fue condenado y apresado.

    No miréis mi rostro desde la banda protegida de vuestras almas...
    miradlo si acaso... desde vuestra mísera esquina,
    donde dejasteis el corazón, para envolverlo en comercio.

    Y así... mientras recitáis un clásico...
    dejadme a mi con mi “hedor" a muerto pues,
    ni una lágrima sobrevivirá a su gélido aliento...
    es más... ni el llanto sobrevivirá a su condena;

    a la que fui condenado... de dolor y sufrimiento.


    Ya no habrán más risas, ni caricias por hacer...






    Dejamos durmiendo a los sueños
    y nos enfrentamos a las palabras,
    reyertas del pensamiento confundido
    buscando... no se sabe el qué.

    Ni siquiera enfrentamos las miradas,
    sólo reproches, titubeos... y hasta sueños inventados, rotos o desmenuzados.
    Te partí el alma, lo sé... cómo se rompe al viento,
    enfrentándolo a dos esquinas o ante un grueso muro de sal.

    Y ahora... ¡te extraño tanto...!
    como extraña la aurora al amanecer
    o cómo añora el ruiseñor su canto...
    y la abeja libar su miel...

    Es esta soledad que me somete o este silencio
    que me apabulla el pensamiento.
    ¿O tal vez es el retroceso hacía suspiros anhelados,
    recuerdos anhelados de un pasado que... ya se fue.

    Tu risa aun resuena melodiosamente
    y me alegra sin saber que... ya no habrán más risas,
    ni caricias por hacer... sólo mares de lágrimas sin caer,
    sujetas a un deseo... ¡Tenerte entre mis brazos otra vez!



    lunes, 6 de febrero de 2012

    Nutriéndose de mi alma y de mis penas...


    En ese antiguo lugar donde,
    sentí el desbordamiento de mis sentidos.
    Se entremezclan  sabores; resecos y añejos.
    Fruto de mis recuerdos...

    Son salobres, mustios y agridulces,
    apenas entran en mi mente;
    se rezagan y huyen como si los persiguiera,
    la mismísima muerte.

    Y cuanta razón llevan...

    Son las lindes tenebrosas del alma
    involucrándome en sus miserables sombras,
    queriendo hundirme en su lodo hediondo
    y abrazándose a mi alma,
    como se abraza a un leproso cualquiera.


    Quiero huir... esconderme de esa usura,
    perderme en el ilusorio mundo de los locos,
    y evadirme de este miedo, que me agarrota el alma...
    Y quiebra mis sentidos; haciéndose dueño de mí...
    ¡de mis horas... y de mis ansías!

    Crece la inquieta zarza, por entre las lindes
    desordenadas de mis ideas, agarradas lívidas
    a mi desencanto y falta de cordura...
    ¡tallos embebidos en la sangre de mis venas,
    nutriéndose de mi alma y de mis penas...!


    Hoy mi alma grita liberada de ausencias


    Imagen obtenida de Internet



    Si te olvidas de mí no dejes que mi alma
    se quiebre al llorar y déjame un resquicio de luz
    por donde poder ver una nueva estrella.

    Una nueva luna amorosa y orgullosa de esperar
    la calidez de mi amor. Sin embargo nunca
    mis recuerdos te sacarán de mi pensamiento
    ni de mi corazón.

    Orgulloso izaré la bandera del destino, pues
    él fue quien me llevó hasta ti para ver
    la ternura y la dulce expresión de tus ojos.

    No abandones los sentimientos que se aposentaban en ti;
    agárrame de la mano, desandamos de nuevo
    el cautivo y dolorido desamor.

    Alma sufridora herida desgarrada,
    deshace y desdice tu sumisión, pues ya eres
    sangre de mi carne fundida a mis entrañas
    ¡hasta que me venciste sin tener compasión!

    Hoy mi alma  grita  liberada de ausencias
    y me dice, sin mirarme a los ojos; "que fácil fue amarte
    y que doloroso fue para mí el perderte a la vez".





    Abrazando a un imposible




    De nuevo esperé sintiendo la piel temblar
    pensando por instantes que, ella, podría estar aquí...
    No es así, duele... y me pesa la pena,
    y la boca del estomago se me hace llanto.

    De nuevo mi memoria... falla,
    me hiero sutilmente; sin arma sangrante,
    sólo con el pensamiento, pero, vaya arma tan cobarde que,
    sin herir... ¡me hace sangre!

    Duele amarte así,
    sin esperanzas, sin gloria... sin fe.
    esperando horas de plenilunio
    sin luna... e imaginándola por ti.


    Y se me hace eterno y distante,
    navegar por este río sin caudal,
    cargadas las espaldas de alambres de espino,
    hiriéndome en cada brazada... y ahogándome

    en cada inmersión del alma ¡por buscarte!



    Y dejaste ir al destino de la aurora...


    Y dejaste ir al destino de la aurora...
    próxima y lejana a la vez que extraña y misteriosa...
    se zambulló en mi cuerpo,
    envenenándome, sin una sola herida...
    ni siquiera un rasguño me dejó.

    Tan profunda entró que, mis entrañas,
    quedaron vacías y secas... embebidas y secas en su sed.
    Otoño de vanidades en suspiro fatal, sed de invierno,
    sobre la fuente de su primavera,
    sedienta de las gotas del rocío, al amanecer.

    Fuiste tú; flor de mis entrañas... latido joven de mí corazón;
    quien en beso de cálido verano...me distes tus besos y tu miel.
    ya se secó mi arroyo... desértico quedó mi páramo,
    hasta que, solitario y desierto, de piedras se llenó.

    Miradas de besos llameantes, se perdieron...
    fruto de nuestra amada pasión.
    Ahora solo queda el crudo invierno,
    y el cálido retrato de quien me amó.
    Ya no me queda nada... ¡hasta el otoño... murió!



    jueves, 2 de febrero de 2012

    Aullidos del alma

    Imagen obtenida de Internet


    Quisiera ser el rugir de la tormenta,
    sobre la arena de la playa

    para romper su silencio místico
    con la desolación que me consume.



    Deshacerme después bramando en aullidos
    contra la oquedad de sus rocas,
    para gritarles mi despecho
    y mis silencios vacíos.


    Desgarrar a zarpazos del alma
    esta lenta agonía, causa ingrata
    de mis perdidos sentidos,
    en esta soledad espantosa y profunda que,
    jamás he pedido.


    Morder con rabia la sombra que se evade,
    con los colmillos de esta desesperación mía
    helada, deshecha por el frío,
    por mis deseos incumplidos.
    .
    Para luego sin más, arder...
    en la profunda hoguera inhóspita
    de esta congoja dominante, casi animal salvaje;
    de estas putrefactas entrañas mías.


    Luego… morir silencioso
    exhalando solo un suspiro,
    para demostrarme a mí mismo que
    aún sin saber vivir ¡he vivido!







    miércoles, 1 de febrero de 2012

    Me duele el silencio con el que me miras





    Me duele el silencio con el que me miras,
    y ese gesto tuyo de dolor en mi contemplación.
    Sé que me odias.... y por eso me castigas
    despreciándome cuando te pedía perdón.

    Mis suplicas caen sobre barro seco y duro
    empañadas ya esas lagrimas derramadas mías del ayer.
    Barro y cieno cenagoso cubren hoy ese mismo perdón.

    Soy culpable, lo sé, pero de haberte querido
    y a la vez... sentirme tú Dios.
    Despedacé uno a uno, cada suspiro,... cada emoción.

    Y aquí estoy, recostado sobre mi espalda,
    solo, cansado y  dolorido, e implorando tu perdón...
    No, es cierto, no ves ya lágrimas en mis ojos,
    como tampoco yo veo, ni mucho menos ,

    amor... en tu corazón.