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    domingo, 12 de octubre de 2014

    Me cansé del dolor, de las acciones de la carne



    Me cansé del dolor
    de las acciones de la carne
    y del ingrato sabor
    de los no besos de nadie.

    Vacíos insondables
    de un alma que se agotó,
    se resquebrajó de sentir...
    y se fundió de cuanto amó.

    Me hastié de sufrirme,
    de herirme sin sangre.
    De manejar mi histeria
    y de morir un instante cada día.

    De soportar la soledad
    y ejercer sobre mi esencia
    una culpabilidad sórdida y fría,
    aquella que transgredí sin ser mía.

    Quiero beber hasta hartarme,
    hasta sentir que mis entrañas
    vibran y se hinchan
    hasta explotar y dejar de existir.

    Me cansé de dolerme y quejarme,
    de luchar sin poder...
    un poder que no comprendo,
    de una injusta razón para morir.

    Quiero contar aquí mi historia,
    una verdad desapasionada y doliente
    de un fracaso o tal vez, de un ocaso...

    !el de mi propia muerte!


    Ella vive perdidamente enamorada

    Imagen obtenida de Internet



    Ella, vive perdidamente enamorada,
    y se duele, llora y lamenta de su incomprendido amor.
    Pide con enorme devoción y pasión el ser correspondida.
    Mirando al cielo encendida, más no parece ser oída,
    pues solo consigue “palpar” muy triste,
    la espalda del silencio y la fría mano de la desilusión.

    Ilusiones que truncó de una magia sin esperanza,
    nunca empezada y constantemente inacabada.
    Tal vez hasta mal entendida... de una ilusa sensación de vacío, 
    sujeción y sostén de una nostalgia sin desenlace.

    Pasajera de su tiempo, cabizbaja y compasiva,
    se sitúa en la esquina de su vida y piensa con preocupación;
    recapacita sobre lo que la apena, le duele y agita.
    Siempre doliente, viva, aunque también, muy perdida.

    La vida fue muy injusta con ella y se siente herida,
    quizás no herida de muerte, aunque así es como se siente.
    Ella, solo busca creer en el cambio, en la vida.
    Aunque siente que sus entrañas la mienten,
    que la engañan... y que para ella,
    tal vez la vida o la felicidad... no existen.




    jueves, 9 de octubre de 2014

    Me gusta esconderme en tu sonrisa

    Imagen obtenida de Internet

    Me gusta creer que puedo esconderme en tu sonrisa 
    y que soy tu tacto y hasta puedo sentir 
    la caricia de tu piel cuando te acaricias.
    Creo ser tu aliento cuando sientes un beso.
    Pese a que ese beso no provenga de mis labios 
    y no haya sido proveniente de mi boca.

    Me gusta creer que soy tus latidos,
    y estar dentro de los suspiros de tu pecho
    cuando lanzas esos gemidos estando tu cuerpo amado  
    y tú lo disfrutas y gozas con delirio y pasión.

    Quisiera introducirme en tu sangre
    y navegar como oxígeno por tu pecho
    hasta hacerme en tu cuerpo indispensable.

    Te ansío tanto, amor, que hasta finjo ser tus manos 
    cuando en la penumbra de mi habitación me acaricio 
    y me doy con libertad al placer solitario...

    Y qué lástima mi amor...
    que al despertar descubra con desencanto
    que todo esto no será jamás más que un deseado 
    e insatisfecho sueño.



    miércoles, 8 de octubre de 2014

    Rodearme de sus brazos y extasiarme sin más


    Imagen obtenida de Internet




    Mi corazón me grita ronco,
    bombeando sangre,
    salpicando mis silencios
    con el ardor de la carne.

    Instigando hambriento
    a sacar mis garras
    y a desgarrar mis ansias
    arañando la tarde.

    Evoco ilusiones que encerré
    en un frasco de cristal,
    transportándolas al ilusorio
    efecto de mi cerebro,

    tal vez para engañarme, no lo sé,
    "si acaso por mí, fuese sincero."
    El caso es querer y fantasear
    creer que me lo creo.

    Isotopos irritantes
    que me excitan la imaginación,
    cayendo en desgracia
    al mirar mi reflejo en el cristal
    y contemplarme.

    Rodearme de sus brazos
    y extasiarme sin más.
    Esa es la ilusión del corazón
    y el máximo pecado de mi carne.




    Me cubrí del frío de la noche con su piel


    Imagen obtenida de Internet



    Aunque nací en primavera,
    no fue sino hasta el otoño
    que lancé alegremente
    mis primeros gemidos,

    en una noche cualquiera
    y en un lecho que
    tampoco era el mío.

    Gemí e hipé hasta hartarme,
    logrando desinhibirme
    cuando al vivir,

    lo disfruté en mis carnes,
    enganchado y atado
    a mis propias fantasías.

    Entre sueños locos
    y fracasos, las noches,
    las pasaba en vela,

    siendo prisionero
    de las sombras,
    esclavo de mis pesadillas
    y de las mujeres
    siendo su estela.


    Me cubrí del frío
    de la noche con su piel,
    de su cuerpo y aroma
    sacié mi sed

    y de sus risas y alegrías
    me alimenté,
    mientras ella,
    se abrazada a mi carne,

    se bañaba y retozaba
    en mis lágrimas
    y dormía felizmente
    envuelta en mis entrañas.

    No quiero despertarme
    de este sueño,
    quiero abrazarme
    con pasión a su olvido,

    atenazar y asfixiar
    de tal manera que,
    al dormir,
    parezca que de nuevo
    ¡he nacido!




    domingo, 5 de octubre de 2014

    LA BLASFEMIA (Un poema de Sandra Parente, una amiga y especial invitada a mi blog.)





    Eterna burla de la existencia,
    Ególatra visión de la creación.
    Fatua juventud que se cree eterna,
    Ladra el cancerbero rompiendo mi presunción.

    Incertidumbre ante el vacío infinito,
    Mis sueños en la transitoriedad.
    La hebra se deshilacha, temiendo
    que de repente se quiebre su integridad.

    Aquí la penumbra
    Aquí el horror,
    Aquí el perderme,
    Aquí mi terror,

    Mi sangre y el alma,
    el hambre y mi calma
    Mi cuerpo perdido,
    en el olvido del yo

    Quiero escribir, tocar, cantar y gritar.
    Quiero gemir, perderme, encontrarme, llorar.
    Quiero seguir amándote, desvelarte, sentir.
    Tomar el día, pensar, aprender; quiero vivir.

    El insondable destino y su eterna burla,
    Pandora ha abierto su arca de desventura.
    No codicio ser un recuerdo perdido.
    Una estatua fijada en un tiempo que ha ido.

    Del santo he renegado,
    Tres veces ha dudado,
    Guardián del paraíso,
    Fundador de tu reino pétreo,

    Soy Tántalo hambriento y Sísifo empujando,
    y la piedra que cae me sigue arrastrando.
    Soy Prometeo devorado y Atlas aplastado.
    Y sigo clamando, gritando y aullando,

    a una triada cruenta,
    a un Dios sin compasión,
    a una divinidad etérea,
    a una quimérica predestinación:
    al vacío; blasfemia inerte.

    Un poema de Sandra Parente, una amiga y especial invitada a mi blog.

    viernes, 3 de octubre de 2014

    Soy fuego y a la vez agua y no hay fuego que apagar ni río en el que aprender a nadar



    No dejo de pensar
    en lo que dice mi instinto,
    y en esa oscura razón del intelecto
    por querer saberme expresar.

    Soy fuego y a la vez agua
    y no hay fuego que apagar
    ni río en el que aprender a nadar.

    Es mejor quedarme sin lengua,
    sin sangre en las venas
    o sin destino canta mañanas
    que me hiera con su traba-lengua.

    Seré yo ¡siempre justo!
    caminando en pos de la hiedra
    o bajo el puente del acueducto,
    intentando ser Dios creando cátedra.

    Y me miraré al fin en las dudas del “otro”
    y seré el imparcial destino de los justos,
    acatando como mortal el dictamen oscuro,

    del que fuese desde siglos un inmoral picapleitos.


    miércoles, 1 de octubre de 2014

    Felicidad, ternura, dulzura y seducción... así, eres tú.



    La miro en su nube de algodón,
    tan ajena al dolor, ajena al mundo,
    siempre sonriendo...
    su máxima expresión ¡el amor!

    Nos observa a través de sus risas,
    enseñándonos la felicidad del mundo,
    y el cómo se puede ser feliz con tan poco.

    Sonrisas, labios y besos, caricias...
    amaneceres en su piel tibia y cálida
    y abrazados a su encanto y dulzura.

    Felicidad, ternura, dulzura y seducción,
    son las bases de su incipiente juventud,
    del ardor de su carisma, una niña...
    siempre alegrándonos los días.

    Ella nos lleva al amor
    sin despeinarse, sin obcecación,
    con la inocencia de una infante...
    aunque viva en su interior

    ¡la autentica expresión del amor!


    Ven, amor, y besa mis lágrimas...



    Ven, amor, y besa mis lágrimas...

    son las que lloré por ti,
    las que cayeron desiguales,
    injustas y con sabor a hiel.

    Ven, y acaricia mi faz,

    la que tantas veces besaste
    con amor y emocionada
    y que ahora rehuyes aduciendo
    con desprecio, no sentir pasión.

    Ven, y no me llores...

    porque no lloras por amor,
    son lágrimas de cocodrilo,
    lágrimas falsas e infames
    pues las derramas sin emoción.

    Ven, ¿no ves? sigo llorando... y herido.

    Porque una vez te amé
    y al despreciar mi cariño
    me mataste con tu indiferencia
    /despreciando/

    lo que una vez fue tuyo y mío.