Pudiera ser que un beso no sea la vida entera, cierto, sin embargo, somos capaces de pensar que sí y entregar corazón y alma a quien nos lo de. Después, dejémonos llevar y que el tiempo nos abrace con su tic, tac.
jueves, 12 de junio de 2014
miércoles, 11 de junio de 2014
Prendido a su cuerpo y maniatado a su delirio
Imagen obtenida de Internet
La acaricié con premura mientras deslizaba mis dedos por su
piel y disfrutaba de su tacto cálido, turbado y juvenil.
No podía evitarlo, me tenía enloquecido y enamorado,
prendido a su cuerpo y maniatado a su delirio y a su deseo.
Me deslicé por sus pechos y dejé a mis dedos quemarse
en esa
embriagante y peligrosa aventura,
sacrificando el ardor de mi bajo vientre por
darle a ella su justa y placentera dulzura.
Mis dedos danzaron al ritmo de la melodía del amor,
hablando
en un idioma que no todos conocen,
el del sexo con amor y no desde
el siempre despreciable de una simple aventura.
La amé y la hice gozar hasta que, al grito de ¡basta!
Dejé a
mi bastión hablar y compartí de su hallazgo, su goce
y me desembaracé por fin, del vestido de la abstinencia.
lunes, 9 de junio de 2014
Qué grande es el amor cuando amas y te aman
Imagen obtenida de Internet
Qué agradable despertar
cuando me despierto abrazado a ti,
tus manos sobre mi torso,
las mías acariciando tu pecho.
Qué agradable es inhalar tu aroma,
con el exhalar de tu aliento en mi cara,
y escuchar ese sonido melódico de tu pecho
que acaricia muy profundo en mi alma.
Qué profundidad de sentimientos,
viven y se ahogan en nosotros.
Emociones que nos motivan y hacen grande
nuestro amor, a la vez que caprichoso.
Qué grande es el amor cuando amas y te aman.
Te hace sentir
libre, abnegado y hermoso,
y hasta sientes y crees saber cómo piensa el otro.
Qué fácil es amarnos y poseernos dichosos,
mientras nos queremos, felices,
los dos abrazados, fundidos el
uno en el otro,
en brillantes amaneceres y en atardeceres ruidosos.
domingo, 8 de junio de 2014
Te negaba tanto que dolía cada palpito o cada suspiro sometido
Imagen obtenida de Internet
Cubrí avergonzado mi memoria de un rojo deslucido
esperando
calmar las ansias de lo que yo creía un pasado nefasto.
Un adiós alejado en el tiempo me asfixiaba y acompañaba,
queriendo deshacer el nudo que me ahogaba,
Te negaba tanto que dolía cada palpito o cada suspiro sometido
recreándome en expulsarlo con cada inhalación o exhalación.
Tanto deseaba no pensar... que me odiaba a mí mismo con una
fuerza abismal.
Zarandeé cada pensamiento o latido que me hablaba de ti
y era triste
ver cómo sin poder evitarlo volvían en un instante de nuevo a mí.
Mi debilidad
se hacía cada vez más patente y... me odiaba mucho por ello.
Acariciaba su cuerpo como si de verdad ella, estuviera pegada
a mí, dulce, adorable y cargada de ternura, como en los comienzos,
cuando aún éramos inocentes los dos...
Pero el tiempo no perdona, ¡nos rompe a pedazos! a la vez que
nos zarandea,
nos muele a golpes de necias manifestaciones, sentimientos y
pasiones que se vuelven engaños y monotonía, o tal vez sea la justa vara de
medir del tiempo, infligiéndonos fracaso tras fracasos.
s.La vida tiene mucho más caminos que la muerte

La
vida tiene mucho más caminos que la muerte
Celeste caminaba despacio, no
parecía tener un destino previo conocido pero, no era verdad.
Parecía que caminaba a ciegas,
pero no, ella andaba muy segura. Llevaba los ojos húmedos y quien se fijara en
sus pupilas vería que tenían un brillo gris, deslucido y triste. No parpadeaba
y su mirada era inquieta, parecía tener
los ánimos desbordados.
sus hombros permanecían hundidos,
como humillados, parecía llevar sobre ellos una pesada carga que, tal vez, la
alejaba o no le permitía ver su
verdadera realidad. Pensaba en Jorge y le pesaba la responsabilidad. ¿Lo supo
amar de verdad? Se sintió inútil, desasosegada y vacía. También se sentía muy culpable pensando que no
lo había amado como él se merecía.
No estaba en ese momento para detenerse
a pensar «que la vida nos da muchas opciones para caminar
y que él también las tuvo para
decidir con quien quería estar».
Los llorosos ojos de Celeste
contemplaron aquel altísimo puente donde se encontraba, justo en el medio,
apoyaba sin fuerzas su cuerpo al mural de hormigón de metro veinte de altura y
miraba, sin ver, hacia abajo. Eran ahora las 11:53 pm y apenas veía un fondo
oscuro donde se intuía su final.
Allí mismo se habían conocido. Ese
día había tormenta, y la lluvia caía sin parar, aunque a ella no le importaba,
en realidad le daba todo igual. Ese día, para ella, iba a ser el último.
Celeste levantó su pierna derecha
apoyándola en la base del muro y se izó ejerciendo una fuerte presión sobre sus
dos suaves manos, brazos y hombros, subiendo con dificultad a lo alto y
poniéndose rápidamente de pie. Respiraba agitada y nerviosa.
Esta vez nadie lo evitaría,
estaba sola, nadie la veía. El puente estaba pobremente iluminado, con apenas
dos o tres farolas de baja intensidad por cada cinco o seis metros, algunas incluso
estaban rotas con sus bombillas destrozadas.
Esa noche no llovía.
Celeste miró su reloj en la mano
izquierda; las 11:57 pm. “estaba a solo tres minutos de la vida o la muerte” ―pensaba en esos instantes.
Miró hacia abajo, el fondo permanecía
oscuro e inalterable. En ese instante sintió un frío glacial ¿y si no ocurría? ¿Y si no lo lograba? ¿Pasaría
“al otro lado”? Mejor dicho... ¿la dejarían pasar?». Las preguntas que se hacía
eran del todo inútil, allí no había nadie que se las pudiera contestar. Su
celular comenzó a sonar pero, Celeste no hizo caso. Su reloj marcaba ya las
11:59 pm, a apenas unos segundos para las cero horas de la madrugada, no podía fallar. Justo a esa hora lo conoció a
él. Él fue quien le salvó vida la primera vez. Surgió de la nada, así de
repente, y se hizo con ella una milésima
de segundo antes de saltar al vacío.
Se llamaba Jorge... y nunca olvidaría
el modo en como la miró con sus ojos verdes, entre asustados a la vez que enfadados. Recordó sus palabras;
«Nadie merece que le pagues con tu muerte, por mucho mal que te hiciera. Créeme,
nadie se lo merece. Suicidarte por venganza es odio y egoísmo».
Por esa razón ella se enamoró, de
su bondad, de sus ojos, de sus labios, de su voz. Y lo amó desde entonces con
toda el alma...
Fueron cinco años, cinco hermosos
años de felicidad. Cinco años...
Después, desapareció… se esfumó
tal como había aparecido, de la nada...
El celular seguía sonando cuando
Celeste saltó al vació. ¿Quién la llamaba? Nunca lo sabremos, ella jamás
contestó a la llamada.
viernes, 6 de junio de 2014
Recorrí con gran placer, cada delicado poro de tu tez
Imagen obtenida en Internet
Me desperté temblando, sudoroso,
llorando y dolorido.
Mi
primer pensamiento fue de desconcierto,
¿dónde estaba, con quién, y en qué
brazos había amanecido?
Te miré, y no pude por menos que enrojecer de ternura.
Tanta
dulzura había en tu rostro plácidamente dormido,
que no sentí otro deseo que no
fuese el de besarte
y dejar con gran placer en tu boca la miel de mis labios.
Recorrí con gran placer cada delicado poro de tu tez,
cerciorándome
que tu aroma estuviera unido a ti
en cada molécula o partícula de tu piel, para poder robártela después,
incrustando ese
aroma a fuego en las puntas de mis dedos.
Luego quise salir huyendo y no pude, despertaste,
te abrazaste
a mi cuerpo y fuimos los dos una hoguera,
que se quemó y consumió en unas horas...
a la misma vez que se agotaron nuestras ansias.
jueves, 5 de junio de 2014
martes, 3 de junio de 2014
Maldije una y otra vez mi mala suerte
Imagen obtenida de Internet
Te busqué, calle abajo, arriba, al lado o al frente.
Te pensé,
te soñé, incluso, te imaginé.
Hasta me atreví a delinear tu imagen
y ponerle cara a mi sueño, sí, con mis letras.
Pero, fui incapaz de encontrarte.
Me embarqué entonces en la nave del olvido,
y me apresté a olvidarme de mi sueño,
navegando hacia un rumbo desconocido.
Jamás quise reconocer que,
pese a recorrer medio mundo,
tu imagen, siempre viajó conmigo.
No, amor, no pude o no quise olvidarme
de lo que te he querido.
Maldije una y otra vez mi mala suerte,
y odié mi pensamiento afligido porque
me sentía cabizbajo, pesaroso y envejecido.
¿De qué me sirvió tanta huida,
o tanta rabia acumulada después
de tanto olvido?
A solas, tomando a sorbos un cargado café
Imagen obtenida de Internet
A solas, tomando a sorbos un cargado café,
miro desde mi ventana las hojas de los árboles caer. Ecos de silencios que me gritan escudándose tras un grueso
cristal,
son lo único que me devuelve mi imagen deformada, gris y
triste.
Se me pasaron las ganas de amar, sentir o soñar. De pasear despacio por amplios espacios otoñales o de crecer como ser humano, con cada sonrisa,
con cada simpático y sincero saludo vecinal.
Estoy encerrado tras cuatros paredes por inercia, más
nunca seré prisionero, solo que, dedico mis horas a observar la vida a través del cristal de mi ventana.
Aquellos árboles que me ofrecen su belleza
y que una vez con tanto cariño, cuidé y mimé.
También escucho emocionado los cánticos de los pájaros a los que tantas veces di de comer. ¿Se puede pedir más?
o ¿se puede ser más feliz? entonces... ¿Para qué necesito
más? Si, al fin y al cabo,
del barro un día nacimos, y en barro, un día, nos
convertiremos al morir.
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