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    domingo, 21 de abril de 2013

    El presente... sólo nos dura un segundo

    Imagen obtenida de Internet


    No te atrevas a negar lo evidente,
    te amé como a nadie he amado.
    Puede que no cómo te hubiera gustado pero,
    TODO lo que te di fue AMOR.

    Nunca pude darte lo que creía te merecías,
    aunque bien sabes que lo intenté,
    ahora para mi eres como una desconocida
    a la cual y pese a todo... NUNCA OLVIDE.

    Odio la debilidad que detiene mi pluma
    y que la hace débil ante la adversidad.
    Y el sentirme débil me horroriza
    y hace gemir como un niño perdido
    que no encuentra a su mamá.

    Dejo libremente que mis lágrimas aterricen,
    sin vergüenza, sobre mi olvidada capa de dignidad.
    Porque es ahí donde radica ahora lo malo de mí presente... 
    aquel que sólo nos dura un segundo
    ¿Me dará tiempo para algo más que suspirar?

    ¿Será por eso que nuestro desconocimiento
    está en el poco esfuerzo que hacemos por conocer a los demás? No me atrevo a responder, ¿para qué?
    la vida se me escapa, y hasta intuyo saber dónde va...




    viernes, 19 de abril de 2013

    Cada día me siento más lejos de mi mañana...


    Imagen obtenida de Internet


    Cada día me siento más lejos de mi mañana
    y no tengo calma, fe ni ganas.
    Al contrario, me siento viejo, obsoleto y absurdo
    y noto que voy dejando atrás las esperanzas
    y deseos que me quedaban.

    Inflexible, busco en mi interior
    "por sí aún tuviera alguna reserva
    de una época ya olvidada",
    y no, por mucho que la busco...
    sigo sin encontrar nada.

    Nada agita más mi interior
    que el no saber cómo despertaré mañana.
    Sin embargo, mi dolor se asemeja
    a la dura e hiriente "sombra burlona",
    la que se ríe de mí como cada amanecer,
    cuando satisfecha,
    despierta sonriente a mi costado,
    al otro lado de mi cama.

    De nada mi sirve escudarme en el dolor,
    si para ello lo único obvio es despreciarme,
    odiarme o herirme para poder perdonarme
    o tal vez morirme para reencontrarme de nuevo
    con la esperanza, aquella que huyó de mí,
    amedrentada, horrorizada y asqueada.





    jueves, 18 de abril de 2013

    Presiento que la felicidad me ha llegado tarde

    Imagen obtenida en Internet


    En esta desolación atroz que me consume,
    fluyen pensamientos extraños que me aprisionan y atrapan.
    Por eso siento que solo soy el mero espectador
    de lo que me hiere, duele, da miedo o mata.

    En las horas de mi soledad, en las que el silencio
    me hiere con su indiferencia.
    Siento el absurdo de mis deseos brincar,

    hasta sobresalir con rabia y romperse en mi pecho
    hasta hacerme sangre. Para morir después en mi boca
    presintiendo que la felicidad me ha llegado tarde.

    No existe peor penitencia que creerse humano
    y estar absurdamente penando por serlo.
    Ni mayor pena que la de no saber disfrutar
    lo que la vida te ha estado regalando y tú, ¡tonto!
    mil veces te estuviste negando el disfrutarlo.

    Como dardo o flecha envenenada,
    siento a mis pensamientos
    atravesarme y emponzoñar el interior de mi alma.
    Hasta se deleita con su sabor, agridulce y seco.
    Tan odiosos son y a la vez tan obscenos,
    ¡que ni siquiera me defiendo!

    Me giro angustiado hacia atrás y me pregunto
    «sí vendrás a buscarme».
    Pregunta inútil y absurda ¡Ya me encontraste!

    Aun así me digo lloroso y gimiente;
    «Cómo se echa de menos aquel ayer,
    cuando nos perdimos los dos,
    sin buscarlo, en nuestro mañana».





    viernes, 12 de abril de 2013

    Hoy quizás dejé escapar y vencer a un sueño

    Imagen obtenida de Internet



    Me recreo recordando tu imagen, 
    convencido de quererte y suspirando 
    por tenerte entre mis brazos otra vez.
    Es el tiempo pasado de este amor lo que yo añoro, 
    aquellos bailes y nuestros cuerpos abrazados al ayer.

    Te miro dulcemente desde la distancia,
    culpándome de lo que nunca pudo llegar a ser.
    Mas no hay razones para pensar en no olvidarte escuchando 
    el desbocado latir de mi corazón, recordando con gran pesar,
    tus besos prestados del ayer.

    Hoy quizás dejé escapar y vencer a un sueño,
    perdida una y mil veces la batalla sin luchar,
    y no, no me arrepiento de pensarte ni de quererte… 
    tan solo de lo que una vez,
    por no hablarte y silenciarlo,
    me llegué a perder.





    lunes, 8 de abril de 2013

    Busco, sin encontrar, el camino que me lleve, sin retorno, a morir

    IIustración de Albert Solóviev


    Una noche más, días sin fin, esperándote.
    El cielo como mudo testigo de mi llanto. Dolor... 
    un lacerante dolor que deshace mi alma,  hasta lograr hacer invisible 
    cualquier vestigio de que una vez existí.

    Un único deseo, dejar en calma, en laxitud,
    la banal vida que me lleva sin retorno...
    al desasosiego y al infierno de mi existencia.
    Morir... languidecer en calma y dejarme llevar 
    hasta desaparecer por completo en la nívea oscuridad 
    de una noche sin luna ni estrellas.

    Estoy muy lejos, bajo la pesada losa de mis pensamientos, 
    buscando, sin encontrar,
    el camino que me lleve, sin retorno, a morir.

    Porque ¿para qué seguir viviendo así, sin su cariño, 
    sin sus abrazo o sus besos?
    Me siento cansado, pesado como un fardo, 
    como un lastre o un cadáver putrefacto,
    que se arrastra y cae en el fondo del abismo, 
    donde no hay más que rabia, tristeza o llanto.


    Grito dentro de mí pidiendo un escape…
    una salida…
    Tan inútil como desprovista de propósito,
    un exagerado modo de querer parar
    lo inevitable, Mi muerte.



    viernes, 8 de marzo de 2013

    ¿Y si todo hubiera sido solo un mísero sueño?



    Comienza la separación,
    mi alma se resquebraja del cuerpo,
    se disgrega y separa,
    no quiere sufrir más.

    La entiendo…
    hasta el corazón me grita
    que quiere dejar de latir,
    mis pulmones dejar de respirar
    y mi cerebro, de discernir o pensar.

    Pero no es cierto
    sigue ahí, torturando mi sentir.

    Por favor... quiero desaparecer del tiempo,
    diluirme o, hasta quizás,
    desear no haber existido jamás…
    ¡me asfixia mi soledad!

    ¿Y si todo hubiera sido solo un mísero sueño?

    ¿Será posible que, al despertar,
     nunca pueda hallar ni una sola historia
    sobre mí... nada, ni un vago recuerdo?
    En realidad a lo que tengo miedo, mucho miedo… es a despertarme

    y descubrir que, en verdad… ¡jamás existí!



    domingo, 3 de marzo de 2013

    Ella, LA MUERTE, al final… me ha vencido

    Imagen obtenida de Internet


    En un mundo de nieve donde el frío
    cala los huesos de los mortales,
    y donde el sol nunca los acaricia.
    Siento cómo mis huesos se estremecen
    y se vuelven gelatina.

    Ya no aguantan a mis músculos,
    se quiebran y se deshacen
    crujiendo lastimosamente.

    Parecen gritar a un dios inexistente
    implorándole por sus lustros
    que tenga piedad de ellos.

    La soledad, mientras tanto,
    se apodera de cualquier sentimiento,
    los apresa, los encierra escrupulosamente
    entre sus dedos y los funde para sí,
    sin clemencia alguna, en su propio cuerpo.

    Ya no hay tiempo, la huida no haría otra cosa
    que empeorar mi sufrimiento. Estoy encadenado,
    sujeto a un objeto afilado y sangriento.

    Un profundo agujero en el cuerpo
    se abre paso en canal y muere
    desangrándose en el centro de mi pecho.

    Antes éste corazón fue músculo,
    ahora… una piedra que no para de rodar
    y de vomitar ruido.

    Horroroso es siempre su despertar
    por todo lo que la he querido
    y sin embargo, ella, LA MUERTE,
    al final… me ha vencido.