Me quise
embriagar con su perfume
y jamás estuve
más despierto y consciente
que cuando la
atraje hacia mi y la hice mía...
Fueron minutos,
horas, incluso días...
al final tan solo
un instante separa nuestras bocas
de aquella
inmensa lejanía...
la de sus
pensamientos y mi poesía...
tan excitados
como olvidados de nuestra hipocresía...
en nuestra piel,
labios o los dedos de las manos,
tuyos y míos,
enardecidos los dos, buscándonos el goce de la piel,
o del sexo animal
o tántrico en nuestros cuerpos afiebrados.