Imagen obtenida de Internet
La contemplé ensimismado,
yacía desnuda en su cama,
sus párpados cerrados,
tal vez soñándome con calma.
Me mostraba orgullosa sus glúteos,
su negra cabellera y la suave
y aterciopelada línea de su espalda.
Mis pies descalzos me acercaron a ella,
no parecían rozar el suelo siquiera.
En discreto silencio la admiré unos minutos,
o tal vez fueron horas, no lo sé.
Solo sé que el tiempo pasó deprisa,
tanto que, al despertarse ella y abrir los ojos,
mi vida en su memoria eran recuerdos borrosos
en un lugar sombrío y húmedo cualquiera.