jueves, 21 de julio de 2016

El dolor siempre será la menor de mis penitencias






Se me desgarra con fuerza el corazón
y se me hace un nudo angustioso cuando lo pienso,
una idea, un pensamiento infame que me invade, tenebroso,
dejándome el dolor maltrecho, silencioso y abducido.


Nunca fui culpable pues, fui absuelto, aunque, sin juicio,
por romper una privacidad absurda carente de coherencia
al no estar presente mi alma en tal banal capricho del destino.




Sin embargo aquí estoy llorando con rabia y descaro
derramando hiel en penitencia por mi destierro a la fe,
que hace que ya no pueda mirarme al espejo porque
siento miedo al ver mi frío reflejo reflejado en él.


Al igual que siento miedo y angustia
de tanto dolor que subyace en mi subconsciente y bajo la piel.
Estoy cautivo y adolorido, con una idea obsesiva y compulsiva
que late infame dentro de mí ser, latente, vital... ¡viva y cruel!