jueves, 28 de julio de 2016

Amor bajo el crepúsculo

Imagen obtenida de Internet


La contemplaba con embeleso,
mirando su rostro con la leve luz
que daba el crepúsculo, 
al atardecer.

Una lágrima corría por su mejilla.
Sublime el acto, la dejé caer.
Ante el ocaso de nuestro amor, 

me susurró al oído;
«No me sueltes, soy tuya
y tú siempre mío, mi amor».
Mi anhelo, ilusión y melancolía, 

por volverla a tener
dieron fuerza a mi pecho y,
la abracé fuerte
para amarla con la misma pasión 

con la que vuela el gavilán,
ante la gloriosa prebenda que es la vida,
todo un enigma por descubrir y resolver.