domingo, 26 de junio de 2016

La pesadilla de lo incierto

Imagen obtenida de Internet

Jamás me recuperé, caí hacia un abismo ingrato 
y me hundí sin remedio en la pesadilla de un futuro incierto.  ¿Fue una casualidad que resurgiera como vomitado de entre una maraña de pensamientos postreros?

Tal vez sí, o quizás no, Pero, eso no es lo peor, 
lo inhumano son estas malditas cadenas, 
gruesas y oxidadas que me sujetan de las extremidades.

Aunque son peores las que me atan el alma 
y me devoran el cuerpo con sus obscenidades.
Nunca me recuperé, lo que sí hice 
fue aislarme tras un refugio de vanidades.

Tal vez esperando una voz que, como a Lázaro, 
dijera; «levántate y anda» ¡iluso soñador! 
¡Maldito perezoso! escondido en versos 
y cubierto por los goterones de tinta negra 
en letras huecas como borrones.

¡Maldita la hediondez de tus pesadillas, 
tu olor a rancio y a fracasos! 
A la eterna humillación de querer ser generoso y humano, 
me quedé a tientas, agazapado

y  esperando una evolución que, 
no por mucho desearla, conseguí que se sucediera. 
Allí estaba ella, negra y oscura, abierta a mi dolor, 
cerrada a mi felicidad y dándole de hostias a mis quimeras.