viernes, 24 de junio de 2016

Juguemos y bebamos nuestros orgasmos

Imagen obtenida de Internet



Jugamos los dos, excitados 
y enardecidos al juego de las caricias, 
nos damos besos ardientes y en profundidad, 
y nos recreamos uniendo nuestras manos 
y nuestros cuerpos, 
amándonos con pasión y mucha vehemencia.

Ardemos el uno en la otra, 
la una en el otro,
fundiendo nuestra soledad. 
Dos cuerpos candentes olvidados en el delirio, 
incendiados de la autoestima que da la pasión.

Prófugos que huyen juntos 
esquivando a la memoria 
o incendiarios ansiosos de vivir, 
amar y gozar en libertad.

Gritos roncos mezclados con saliva 
en distintas bocas a la par, 
requiebros y chasquidos de dos cuerpos 
que se desean, se aman y agitan estremecidos,

con la necesidad de no querer soltarse jamás.
Besos y gemidos que se ahogan suspirando,
atrapados por noches de lujuria por hoyar.

La calma que precede a una batalla,
una guerra de pasión y sexo por iniciar.
Susurros, llantos y gemidos, 
de dos seres que, excitados, se besan sin cesar,
mordiéndose los labios e intercambiando sus fluidos 
sin dejarse un solo instante de amar.