miércoles, 3 de febrero de 2016

En tu boca, mi sexo, mustio y descansado…


Imagen obtenida de Internet



Al albor de la noche, tengo mis ojos cerrados 
y, a ella, la percibo silenciosa y oscura,
y a mi cuerpo afiebrado lo siento arder
y gemir pegado a su hermosura.

Creo que la miro y dejo que mi mente 
vuele libre en pos de su fantasía.
Mis manos dejo que arruguen sus sábanas
para así lograr que se deslicen 
suavemente por debajo de su cintura…

Sus senos se mueven tenues 
y compasados al ritmo suave de su respiración.
Alzo la vista, y el ver sus ojos cerrados 
me provocan una dulce y tierna emoción…

Sus labios permanecen entreabiertos 
y dos finas líneas, apenas desdibujadas,
hacen que se flagele mi mente y explote
mi cuerpo en ardorosa quemazón.

Mi mano izquierda baja ya por la curva de su ombligo 
hasta hollar, quemado de pasión,
el cofre que guarda su preciado tesoro.

Una vez hallado, mi boca se apodera golosa de la fruta 
que nace de su nacimiento
y que da el dulce néctar de la que beberé 
hasta que ella sacie su sed de amor
y yo logre calmar mis ansias de ti.

Me noto y te siento, exultante, 
estamos los dos eufóricos y nuestros cuerpos arden
y se agitan ya sin control.
Estoy al límite, entre el velo silencioso
y taciturno de mi deseo… y tú.

Abro al fin los ojos, aún me siento agitado,
te busco y te encuentro entre mis muslos, 
en tu boca, mi sexo, mustio y descansado…