sábado, 2 de junio de 2012

Abrazado a una luz que se movía

Imagen obtenida de Internet



En un rincón del alma muy profundo evado mis penas,
deshaciendo torpemente en mi mundo de soledad
la crueldad horrible de mis noches solitarias.

Mientras recorro tristemente el camino al destino que
se me tenga asignado y que tendré que digerir
todos los días de mi vida, envolviéndolo
en la incesante letanía de mi pecho al tronar.

Gozosos momentos que creí vivir,
abrazado a una luz que bajo mí se movía,
buscando en ella una sonrisa que me incitara a la alegría.

Todo fue inútil, lo había despedazado todo,
hasta sus recuerdos me atormentaban en la lejanía,
mientras ella, en la distancia, me gritaba sonriente su alegría.

Triste sonrisa desperté en su mirada que, libidinosa…
me sonreía. En sus labios una sonrisa de traición y,
en ella yo me moría, abrazado a su orgullo,
sin querer deshacerme en mi piel de mi lenta agonía.