miércoles, 18 de abril de 2012

¿Para qué tan cruel castigo?

Imagen obtenida de Internet



No hay mayor soledad
que la sentida por el alma
en su universo vacío.
Una huella, es la que me busca horadar la piel,
dejándome su olor a podrido.

Hieren las formas
y las entrañas cogen frío
al percibir su propio vacío,
helado, marchito… fenecido.

Arañas corren en derredor,
subiendo por mi estómago,
hasta incrustarse, como demonios,

en este necio corazón herido,
para hacerme sentir,
que tal vez alguna vez,
estuve… vivo.

Apenas vislumbro la luz,
ciego, beodo y perdido,
nada fui… nada soy,
¿para qué tan cruel castigo?