domingo, 22 de enero de 2012

No pude más... y mi cabeza escondí... bajo la almohada

Imagen obtenida de Internet


Noche de espesura en mi alma
cabizbajo pensaba en mi mal...
siendo mi culpa...
¿me lo tenía que perdonar?

Lágrimas me resbalaban dóciles
y sin detenerse caían  al suelo,
formando un pequeño río de sal...

Cómo sabe llorar el alma...
cuando el dolor te vence
y caes cuesta abajo,
sin nada que te agarre o sujete...

Entonces fue que entró, una mariposa blanca,
era toda luz y sus contornos... brillaban.
Sus ojitos eran como agua de manantial... cristalinos.
Y la densidad de sus alas...
trasparentes como agua de mar.

Mis ojos la seguían por la habitación,
la admiración... me podía.
Tan bella era y su dulzura se veía tan especial,
que hasta sentí sus alas acariciarme el rostro...
logrando hacerme llorar!

Ella parecía saber...
y sus alas vencía hacia adelante
(parecía con ello querer secar mis lágrimas)
pero no... sólo las observaba y lloraba conmigo...

No pude más...
y mi cabeza escondí... bajo la almohada,
no se cuanto tiempo estuve así...
pues cerrando los ojos, me dormí.

Solo supe más tarde que...
al despertar y alzar los ojos;
la mariposa blanca... seguía allí...
silenciosa y acariciándome el rostro.