viernes, 18 de marzo de 2016

Triste y llorosa está mi tristeza


Imagen obtenida de Internet



Siento en mí una pesada losa, triste, 
como llorosa es mi tristeza, 
y hasta la siento gruñendo y ruidosa, a mi alma estrujar 
y apretar hasta dejarla exangüe.

No me preguntéis por qué ella a mí se me abraza, 
respondedme solo, ¿por qué yo no paro de llorar...?
No creáis que busco pena, tampoco fuerza o dureza.

Busco sobre todo en mí una solución 
a mi manera de actuar, de sentir o de castigarme, 
viendo a mi alma agonizar.

Sé que discrepan de la solución, no me importa, 
llorar es mi manera de limpiar y depurar lo que me afianza,
lo que hace y consigue salvaguardar lo poco que me humaniza, 
lo injusto de mi permanencia...

Ya se dobló mi espalda, no por la edad sino, 
por mi maltrecha alma. 
Luché tanto por mantenerme a flote en este mundo

 inhumano... en este bastión, fortaleza de lo absurdo, 
maldito y en constante involución absurda...
Un mundo envuelto en un subdesarrollo, banal, estúpido y anodino.

No, no se os ocurra preguntarme por qué no paro de llorar...