viernes, 27 de noviembre de 2015

No me busques… soy solo el eco de tu dolor


Imagen obtenida de Internet


Te busco en la inmensidad de tus silencios
pero no para encontrarte a ti sino para encontrarme yo, 
que estoy en este vacío hueco y absurdo de un pensamiento vago,  difuso y perdido 
esperando ser alumbrado por tu sol.

Mis locuras me llevan por distintos caminos a ti, 
sudario tempranero, fiel retrato a carboncillo, 
a menta, albahaca y a poleo…

Sangre roja que hierve inquieta sobre mi cadáver 
y arde explosiva, hasta estallar como un veneno sobre tu piel.
Piel cálida de seda inquieta y ternura dulce hecha mujer.

Y ruge en mí lo poco que vive 
sobre éste arrugado pergamino, fofo, 
arrugado y tremendamente obsoleto y viejo…

Éstas vísceras podridas que aún laten y lloran, 
esperando algún día reflejarse en tus ojos… 
en tus entrañas y en tu ser.

Subyace en mi pensamiento una herida.
Una sangrante cuchilla me la infringió pero, 
sin hacerme sangre, tan solo una llaga podrida…

Una pústula de dolor y compasión vive en mi pecho, 
se mueve, se agita y me grita 
desde lo más hondo de mis entrañas; 
¡Tú lo que no tienes es honor!