miércoles, 6 de mayo de 2015

Triste regresaste al ocaso y al cierzo


Imagen obtenida de Internet


Me diste sin pensar, el corazón,
y con alegría lo lancé al viento.
Triste regresaste al ocaso y al cierzo,
cariacontecida y muerta por dentro.

Te ocultaste del sol, oscura y sombría,
en una encrucijada de amor y sufrimiento.
Sedienta de amor, sangrando tus silencios.
Herida por espinas que son lamentos.

Te busqué incansable, tras herirte,
llorando emociones y quebrantos.
Envilecido y por las esquinas... yerto.
Aunque mi razón no gritaba, ni podía.

No te encontré, tal vez huiste, sin tiempo,
¿a saber dónde el alma me ocultaste?
pues, siendo yo tu causa y muerte...
¡jamás pude de nuevo encontrarte ni tenerte!