sábado, 12 de julio de 2014

Pasajes muertos del ayer...


Imagen obtenida de Internet




Pasan suavemente las horas sobre mí,
se recrean en cada molécula de mi ser,
en cada gemido de desazón o dolor,
haciéndolo a modo de requiebro o saludo.

Se olvidan que una vez fueron mías y
que las manejé  o usé a mi antojo,
como se usan, una sola vez, las hojas del té.

Ya no se me acercan para estimular
mis idas y venidas. Frenéticas desbandadas,
sobre las espaldas anchas de cada minuto,
suspiros para algunos, para otros, años enteros.

Pasan sin mirar, no me tocan, ni se paran a rozarme, 
tampoco se detienen ni un segundo a sentir mi suspiro. 
Aunque no es extraño, tampoco yo lo necesito o quiero.

Corrí delante de ellas sin agotarme,
hasta que caí en la cuenta que no había más recorrido, 
que ya había llegado al abismo.

A ese abismo donde van las horas, 
esas horas innombrables, pasajes muertos del ayer, 
historias que se viven o se cuentan, 
por desgracia, una sola vez.