martes, 15 de julio de 2014

Eres tú, diosa mía, la que amo, me estimula y deseo

Imagen obtenida en Internet


No deja de sorprenderme el modo en que me estimulas, 
me enervas, estremeces y logras hacerme tiritar de frío.
 Me abarcas por entero, cuando te pienso,
cuando hago exposición de lo que deseo, y te encuentro, 
pegada a mi piel, inhalando los suspiros que salen roncos de mi pecho.

Eres la esencia inextinguible de mi fe, la real diosa, 
estímulo que libra conmigo y a pecho descubierto, 
la batalla desigual de un amor verdadero.

Por esa razón sigues siendo mi musa, mi obsesión, 
el volcán que ruge y grita en forma de gemidos, 
que son los auténticos alaridos que fluyen de mis entrañas, 
queriendo doblegar tu cuerpo y convertirlo en mi único universo.

Eres tú, diosa mía, a la que amo, la que me estimula y a la que deseo,
aquella que, sin hablar, ni hacerse visible,
sabe que vive gozosa y alegre en mi pecho.


Ni tu ni yo pronunciaremos a la vez nuestros nombres, 
sin embargo, tú sabes y yo sé...
que ambos estamos a un paso tan solo de ser lava ardiente... 
a punto de ser expulsada por un volcán y ser engullida por nuestra sangre 
y explotar en un orgasmo en nuestros cerebros.