sábado, 10 de mayo de 2014

Manantial que de alegría fluía de mis ansias por comerme el mundo

Imagen obtenida de Internet

Vertí en mis sueños las vanas esperanzas 
de una ilusión efímera. Como acuífero, 
fui vertiendo mi caudal hasta agotarme, después… 
volví a cerrar los ojos y me dormí, 
deseando nunca más volver a despertarme.

En vano mantuve mis ojos apretados, 
con rabia, mis manos, 
en forma de tenazas apretadas.

Reflejo inútil, 
por más que apretaba mis párpados, 
el sueño no llegaba.
Lloré… como el diluvio que vivió una vez Noé, 
eso sí, sin cariño, animales, familia, ¡sin la fe!

Hoy no me sale una sonrisa o una mueca, 
ni siquiera un rictus de desencanto. 
Mis uñas, gastadas de tanto querer arañar 
un poco de felicidad, se muestran sucias, 
negras, agrietadas, sin color ni sangre 
que recorran sus venas.

Deseoso que un manantial 
surgiera de alegría y dejara 
que fluyera a mis ansias, 
para querer comerme al mundo. 
Más hoy vuelve a ser como ayer, 
un caudal seco, agreste, agrietado y muerto.