viernes, 14 de marzo de 2014

Esperando la llegada de la muerte

Imagen obtenida de Internet


Me cediste tus privilegios 
de supuesta mujer enamorada 
para zaherirme una vez más,
dudando de si me los merecía. 

No dudaste no, 
cuando eras objeto idolatrado 
de mis letras y de mis alegrías.

Ahora ya no estás conmigo, 
me mentías cuando me sonreías, 
no eras aquella mujer 
que yo amé y quería, 

no, no lo eras y lo lamenté 
mientras te alejabas, 
olvidada de mí y de cuanto 
te necesitaba y quería.

Hoy tan solo soy un náufrago 
en una isla desierta, 
inquieta y lúgubre, 

esperando la llegada de la muerte, 
no para mí, ni para ti, 
sino, para mi poesía.