miércoles, 1 de enero de 2014

Sin dejar que se escapen de nuestras bocas

 




Deja que se junten tus manos a las mías
Y déjame entrelazar mis dedos a los tuyos
En una caricia que los envuelva…
Y nos haga sentí el bullir de nuestra sangre.

Que los latidos presurosos de ambos corazones
Se rompan y quiebren en gemidos, en suspiros roncos
Que nos hemos de beber sedientos…
Sin dejar que se escapen de nuestras bocas.

Deja que me muera en tus adentros…
Quiero ser un recuerdo, una décima de segundo tal vez,
Aunque estaré satisfecho si vivo para siempre en ti…

Donde nos perdió una sola vez el sentimiento.