domingo, 4 de agosto de 2013

Me recreo tristemente en mis horas de soledad

Imagen obtenida de Internet


Es tanta la soledad infame…
que maldigo lo necio de este castigo,
y aunque me aislé para no culparme
solo conseguí acallar de mí un suspiro.

Necio de mí siempre mendigando
y esperando que me llegue el labio
sonriéndole al sueño
o lamentando que no llegara ese beso.

Me recreo tristemente en mis horas de soledad 
intentando obviar los sonidos,
aquellos que fueron en verdad
la excusa culpable e inalterable de mis quejidos.

Hoy aquí… mañana ¿quién lo sabe?
doblegando estaré tal vez, al alma,
o llorando por los rincones a raudales.

Muero esperando tener la suerte
que el dolor sea hondo, y a mi muerte,
se vaya hasta el fondo...
¡y se hunda muy hondo en las profundidades!