miércoles, 7 de agosto de 2013

Maldiciendo y llorando a la vez

Imagen obtenida de Internet


Pocas veces pretendí,
recorrer con la mirada
cuantas cicatrices secas
llevaba pegadas a la espalda.

Heridas que un día dejé sangrar
llevado por la pena y la rabia,
que hirientes no me dejaban dormir
queriendo ser dueñas de mi alma.

Las miro por fin en mi espejo,
las recorro una y otra vez doliente
de sal, mugre y cien batallas que perdí.
Sí, en el inmenso mar de mis dudas.


Son mías, lo sé ¡no las rechazo!
Por ellas estoy hoy aquí,
maldiciendo y llorando a la vez.
Viejo y duro como una roca de sal.