jueves, 2 de mayo de 2013

Un orgasmo, el éxtasis, después...




Sus besos produjeron en mi interior,
las incendiarias chispas de una loca pasión,
culpables de avivar en mis entrañas,
un enorme fuego abrasador.




Ella disfrutaba conmigo y jugaba con su picardía,
al delicioso juego del amor.
No lo dudé y me dejé llevar,
me gustaba la idea de ser usado,
y dejé que ella, por instantes, fuese mi dueña
abandonándome por entero a sus caricias
cargadas de sensualidad, deseo y pasión...




¡Qué gozosa virtud fue el sentirme suyo
y a mi vez saber que ella, fue solo mía!
Nuestros cuerpos latían al unísono y al mismo ritmo,
sudorosos y agitados, gimiendo ardientes nuestras bocas,
chocando en lascivos besos, mezcla del deseo, furia y desesperación.




Llegado el ansiado instante, el orgasmo, ¡EL ÉXTASIS!
Llegó la calma, la inquietud ¡EL DOLOR!
ella volvía a su hogar… junto a su esposo, y yo...
a esperarla seis nuevos horribles días más
abrazado desolado a mi miserable desesperación.