martes, 30 de abril de 2013

Entre dardos de deseo y calentura



Entre dardos de deseo y calentura,
aprisiono sus labios con mi boca y, vehemente,
mi lengua se introduce en su garganta, y juega con su lengua,
haciendo figuras geométricas, juguetona, traviesa y ansiosa.

Mis manos no paran de moverse por su cuerpo,
intentando incendiarla,  torturándola, loca de deseo,
hasta hacerla arder y quemarse, 
¡disfrutando de un demoníaco y sofocante placer!

Entonces que, de una mordida, me hice dueño de sus muslos
y éstos como un mártir, se me abrieron dejando paso 
a mi hombría que, orgullosa, entraba en sus entrañas, 
provocando en sus adentros un seísmo furibundo. 

Una llameante explosión, que la  daba y nos dio placer 
hasta en nuestras almas, como lava ardiente… 
hasta dejarnos exhaustos, agotados,
sudorosos, satisfechos y henchidos del placer.