domingo, 24 de junio de 2012

La poesía desoyó mis súplicas





La poesía  desoyó mis súplicas
y me hizo tragar cada sentencia mía,
¡ni una sola firme me dejó en las  entrañas escrita!
cada una de mis letras se fundieron en versos, que ardientes, me dieron sin condición, la vida.

Nunca quise esa sensación quemando mi interior, poesía…
lava ardiente diluida en mi agonía,
convirtiendo a mí llanto en una maravillosa orgía.

Tiré entonces hacia el absurdo y me negué a lo evidente,
como un ser humano, latía cada célula mía,
perforando mis tímpanos, cada soneto, en cada embestida
de esa horrible bestia que me grita y me posee la vida, mí poesía.

Cada goce, cada sentir, me quema y hiere,
y hasta logra hacerme volver la vista atrás y saltar al vacío…
al abismo de esta inmensidad que es la vida,
y en la cual solo me dejé poseer por la verdad, el amor y… la poesía.