martes, 15 de mayo de 2012

De veneno me envició el orgullo



De un largo viaje,
la soledad afligida,
paseaba sobre mis sueños
y de ellos  en silencio…
se  consumía.

Como desazón en plata,
brillaba su lágrima ante la mía,
obsoleta y vieja como,
 la  estatua del cesar
que se creyó Dios…

Entre sábanas de seda
y oropeles de nácar. 
Viajaba por  esos ríos
de cegueras y sueños
de  amores necios y baldíos
que  se sustentaban,
en una mísera lágrima.

De veneno me envició el orgullo
y de su sangre, pura soledad, bebí,
acariciado tras una dulce entrega…

la que sin duda un día… me merecí.