jueves, 19 de abril de 2012

¡Soy tuyo… dame tú lo que es mío!


Me fui de tus manos,
me negué a ser testigo mudo
de mi decadencia…
del inútil declive de mi feroz resistencia
camino de una vejez que nunca osé pedir.

Me aislé negándome el verte,
desafiando a mis sentidos
y obviando a este loco corazón
que te alejó de mi solo para castigarme.

Te lloré tanto... que las lágrimas derramadas
 formaron charcos a mis pies,
ahogando a este enamorado y triste corazón,
Iluso, esquelético y vencido...

Envolviéndolo, y atándolo con un lazo,
mientras arañaba mi última esperanza
y mi  alma entera gritaba
¡soy tuyo, dame tú lo que es mío!