sábado, 28 de abril de 2012

Mi cuerpo se apodera del tuyo, se adueña de tu coraje y lo hace suyo

Imagen obtenida de Internet


Con hambre voraz entro en ti
y mi cuerpo se apodera del tuyo,
se adueña así de tu coraje y lo hace suyo.

Izada mi vela, la hundo en tu mar,
dejando que una vez en tus entrañas
bucee gozosa entre tus manglares
y te alumbre, ardorosa y veleta,
mientras se mueve alegremente por tus mares.

Mi cuerpo se arquea, aprieta y embiste,
dejando que mi vela resbale, suave, arriba y abajo,
buscando hacerte arañar el aire abrasador que
escapa como lava ardiente y furioso de mis labios.

Tu cuerpo se arquea al fin y deja vencer, bajo el mío,
buscando abrazarse fuertemente a mi timón
para virar después los dos hacia el mismo rumbo
y así viajar apretados, abrazados y los dos fundidos…

¡Sin que nos pueda separar nadie!