sábado, 10 de marzo de 2012

La afilada hoja… del desamor.





Ayúdame a recorrer,
 los senderos de la vida
y convierte en un lazo invisible…
 a quien, un día… te amó.

Déjame si acaso el veneno,
incrustado en el corazón,
y hazme desaparecer...
las odiosas embestidas del rencor.

Aquellas que, infames,
penetraron en el recinto
infecto de mi desesperación…

esas que, odiosas, me envejecieron
y que a mi cuerpo castraron…
causándome honda humillación.

 Vacíame el líquido desigual
 de mis entrañas, esas aguas sucias,
 abrasadas por el veneno de la bebida…
y obvia, si puedes…

la afilada hoja… del desamor.
Para incendiarme después, la sangre de mis venas,
recordándome una vez más, que…

aquí y ahora... ¡fallamos los dos!