lunes, 6 de febrero de 2012

Nutriéndose de mi alma y de mis penas...


En ese antiguo lugar donde,
sentí el desbordamiento de mis sentidos.
Se entremezclan  sabores; resecos y añejos.
Fruto de mis recuerdos...

Son salobres, mustios y agridulces,
apenas entran en mi mente;
se rezagan y huyen como si los persiguiera,
la mismísima muerte.

Y cuanta razón llevan...

Son las lindes tenebrosas del alma
involucrándome en sus miserables sombras,
queriendo hundirme en su lodo hediondo
y abrazándose a mi alma,
como se abraza a un leproso cualquiera.


Quiero huir... esconderme de esa usura,
perderme en el ilusorio mundo de los locos,
y evadirme de este miedo, que me agarrota el alma...
Y quiebra mis sentidos; haciéndose dueño de mí...
¡de mis horas... y de mis ansías!

Crece la inquieta zarza, por entre las lindes
desordenadas de mis ideas, agarradas lívidas
a mi desencanto y falta de cordura...
¡tallos embebidos en la sangre de mis venas,
nutriéndose de mi alma y de mis penas...!