jueves, 20 de octubre de 2011

Llorándole a la tarde

Imagen obtenida de Internet




A pesar de esta soledad y estas tristes horas sin ti, 
me puede la sensación de creer que aún sigues ahí. 
Por esta razón incito a mis deseos a que vuelen alejándose, 
dándote la espalda para que tú vuelvas a ser feliz.

Podría ser miedo, olvido o languidez, ¡qué sé yo! 
solo sé que en medio de la tempestad, 
surgió la calma y ella, se marchó. 
¿Dónde? eso solo lo sabe Dios.

Que tristes son mis horas sin ella... 
la recuerdo y me vienen faltas de fe y de ilusión por crecer, 
las dos caminan juntas y me hacen arrastrar los pies... 
y mi cuerpo, débil y desmadejado, tiembla y cae roto por su querer.

Que se lo lleven los vientos 
¡Dios mío! que no los dejen volver, 
a esos horribles y malditos pensamientos que me matan la fe.


"Si pudiera aún desandar lo andado,
dormir o tal vez… ¿volver a soñar? 
Callé a la tarde por no oírme y le grité al silencio 
¡por no escucharme! Por no odiarme…

Soy como las mañanas grises o días fríos e invernales, 
solo les gusta a los inmortales. 
Y hasta a los dioses les da la risa solo de verme solo, 
triste, o hincado de rodillas... ¡y llorándole a la tarde!