lunes, 13 de febrero de 2017

La dama negra, la muerte…

Imagen obtenida de Internet



Si supiera hacer andar en mis entrañas la fuerza de la vida, 
sin quitarle un hálito de rabia a lo que me empuja 
y exige echar fuera de mí cuanto me asfixia o me desvela.

Si pudiera dejar de pensar tanto en lo que me anula, 
para dar vida y luz a mis sueños, 
antes que volvieran a dormirse en primavera.

Si viviera y no solo respirara, con un corazón latente y vivo, 
que no solo se dedicara a llevar oxígeno al cerebro 
sino también, lo alimentara de vivencias, 
sueños maravillosos y esperanzas.

Tal vez entonces estallara en un arcoíris inmenso, 
radiante y sublime, cargado de experiencias, 
de amores apasionados ¡con sensaciones, 
emociones exaltadas y jubilosas enseñanzas!

Si no estuviera para el amor ya muerto, 
indemne esperaría a cerrar este capítulo 
de insidiosos pensamientos.

Zarpazos de la muerte que me desgarra sin pudor 
las entrañas en un cruel abrazo. 
Catarsis de un orgasmo envenenado 
que dura ya un infinito sufrimiento.

Para dar por fin mi último suspiro al aire, 
homenaje a la dama negra, la muerte 
¡y a su macabro y despiadado beso!