jueves, 15 de diciembre de 2016

Sin fe, ganas ni tiempo, triste veo pasar el invierno

Imagen obtenida de Internet


No hay día en que no piense en escribir poesía. 
Aunque, tristemente, no haya en mí ninguna alegría. 
Si la escribiera haría palidecer a cualquiera 
de tanta tristeza y melancolía que pondría. 
No, ya no me queda tiempo y paciencia no tengo.

Tampoco dispongo de arte o sabiduría,
aunque todavía me sienta capaz de derramar la sabia vieja 
de este cochambroso cuerpo sobre hoja blanca o grisácea.

La dueña temblorosa y temerosa de mi puño 
y de cuantos versos escribí a solas, 
desparramado sobre el sofá mi masculinidad 
y fingiendo alegría o que vivía,

cuando lo que padecía era el engendro inmundo 
y depresor que me mordía las entrañas 
y hería de muerte el corazón.