martes, 14 de junio de 2016

Desgarro y sudores nutren mi naturaleza frágil y gris




Imagen obtenida de Internet


No existe peor desgracia que la desolación
ni mayor desventura para un ser humano
que perder a ese niño que todos llevamos dentro,
tras luchar contra ello y perder también la ilusión.

¿Por qué he tenido que perderlo yo? 
No hallo respuesta y me siento infame, 
porque la astilla que desgarra mi pecho 

y desangra mi razón, 
me la clavé yo mismo hace años 
y entró hasta lo más hondo y profundo de mi corazón.

Ahora, el desgarro y sudor 
son los que nutren mi naturaleza frágil y gris. 
Sonrisas que regalé, hoy son solo carátulas del ayer. 
Mientras mi piel, oscura y cetrina, se me resiste a morir.


Lejano se escucha ya el débil eco de mi corazón senil, 
ardiente late en mi pecho mientras, 
me angustio y me grito horrorizado 
previendo su fatal desenlace infeliz.