lunes, 14 de marzo de 2016

Veo al ayer riéndose de mí


Imagen obtenida de Internet

Hace años que no sonrío porque aunque mi semblante cambie, 
se transforme o sonría, mi interior sigue siendo opaco 
y solo vive en él o habita el helado e inhóspito desangelado vacío…

Mis entrañas se muestran yertas, 
inertes ante todo lo que no sea pena o tristeza, 
doliéndose de ser una vaina hueca, una oquedad grandiosa 
en un cuerpo vencido por el dolor y el frío.

Mi cuerpo camina torpemente, ingenuo y no muy lúcido. 
Camina hacia un abismo y no es precisamente para hacer alpinismo…

Va temblando anhelante, buscando lento pero seguro, 
su destino, no sabe cómo pero tampoco quiere pensar 
contra qué o contra quiénes ha perdido. 
Raíces locas de azafrán entre vestigios y aromas que 
en mi cuerpo fueron olvidadas en siglos.


Veo frente a mí al ayer riéndose de mí… 
burlándose de lo que no fui y mintiéndole a mi sino.
Por eso hoy apenas un vago recuerdo vive de lo que fui,
e intento con fuerza recuperar el alma.

 Esfuerzo estúpido e iluso, mi alma 
fue la primera en abandonarme, 
¡por vago, perezoso y loco sinsentido!