viernes, 26 de febrero de 2016

Ella vive su amor sin dobleces

Imagen obtenida de Internet



Bajo la atenta mirada de mi enamorada,
persigo cual ingrato confesor la gracia impuesta 
y sin origen de aquel que nos brindó la vida y a la vez, dolor.

Mi enamorada, mujer grácil y confesa,
virtuosa y bien amada, 
lúcida hasta perderse tras la estrella, 
estrella luminosa y brillante de su perseguidor.

Me mira, me sonríe y es grata y halagüeña
su tierna y dulce mirada, 
desprovista de rencor o resquemor.

Ella vive su amor sin dobleces, 
castigada en parte, por su condición inequívoca 
de mujer madura y con las espaldas sobrecargadas.
Lesión dolosa sin duda de cuánto ella, me amó.