martes, 1 de diciembre de 2015

Amor, mi dulce y apasionado amor…

Imagen obtenida de Internet


Déjame, amor, que pose mi mano en tu boca
y cierre con mis dedos
esos labios rojos y curvilíneos  que me hacen padecer...

quiero acallar el suspiro que nace de tu pecho
antes que estalle en mis labios
y consiga hacerme arder o perecer…

Deja que descanse de esta loca pasión que supiste encender 
y que galopa viva y explosiva en mis entrañas.

Como la lava de un volcán al morir
con delicia dentro de tu ser.
Luz sublime que habita en mis lágrimas 
cuando beso cada centímetro de tu piel.

Amor, mi dulce y apasionado amor…
triste es la distancia que me separa de tu perdón.

Lo sé, surcaste los cielos en busca de mis brazos 
y en lugar de encontrarlos, caíste al infierno de mi desolación…

No padezcas, sigo siendo yo,
el hombre que siempre te amo.
Esa es la razón que me dan mis labios 
cuando no me respondes y me quemo...
sí, ¡me quemo!

dejando  arder nuestros cuerpos 
cuando enlazamos nuestras lenguas
y nos bebemos la desnudez pasional
de nuestros sentidos.